Juan Carlos Pagotto
Hemos llegado a un año electoral, el turno está cada vez más cerca, se han exacerbado las obsecuencias, las traiciones, las desconfianzas y los actores principales se miran con recelo total sobre todo si son, no digamos del mismo partido, sino de la misma corriente (aunque banda quedaría más acertado), y allá vamos.-
Mientras esto ocurre, el ciudadano común que tiene la preocupación de la supervivencia en un contexto inflacionario real, no reconocido por los mismos que hoy sonriendo bonachonamente quieren continuar en las mieles del poder y para ello piden nuevamente el voto de los electores.-
Así al ritmo de cumbias o cuartetos que proliferan en el ambiente a toda hora, nos vamos enterando de las calidades de todos y cada uno de los candidatos y muchos, se sienten culpables de no haber descubierto antes la ventaja de contar con un funcionario de fuste y recién ahora descubren las calidades de estos próceres y se sienten avergonzados de que deban mendigar votos, cuando masivamente se les deben ofrecer, no vaya a ser cosa que la sociedad en primer termino y la democracia en segundo pierdan piezas tan valiosas.-
De tal forma parece que muchos viven en un mundo aparte, que miramos e incluso ellos a veces, solo a veces, descubren que no es el soñado ni mucho menos el prometido por las sonrisas electorales en los rostros henchidos de humildades pintadas, sapiencias supuestas y capacidades adscriptas según su proximidad al gobierno o del nivel de virulencia de su oposición.-
Al amanecer la realidad, pasados los fastos electorales descubrimos una vez más azorados que las cosas no son como las vendían, que el yugo se ciñe un poco más en nuestros cuellos cansados de presión estatal.-
Yo soy uno de los que no aprende, ya en el año 1995, en un reportaje que me hiciera Edgardo Vergara, confesé que estaba harto de votar buenos tipos que después no servían para nada.-Debo reconocer que no aprendí nada, pero a lo mejor expresándolo me ayudo y ayudo a algún otro trasnochado que puede pensar lo mismo.- Como dice un himno zurdozo “una gota con ser poco con otra se hace aguacero”, a lo mejor, si nos dejan y si podemos algo cambiará, es la esperanza propia del escepticismo.-
Mientras tanto con cumbias y cuartetos suplantando las ideas y proyectos vemos caras hoy sonrientes y mañana, a la`hora de cumplir las promesas o de rendir las capacidades, adustas y con ceño fruncido, como si cada reclamo serio los molestara en su sacrificada majestad de gobernantes (sea el cargo que fuere).-
Pero a no quejarse, nuestros políticos no son un producto de laboratorio, salen de nuestras filas, de la misma sociedad, por eso hay que aggiornar el dicho que sostiene que “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, por otro más actual y más sincero, “Cada pueblo tiene el gobierno que se le parece”.-
Sin embargo la esperanza sigue siendo la misma, ¿seremos alguna vez un país adulto?’.-
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