jueves, 8 de octubre de 2020

LA FUNCION DEL MERITO FRENTE A LA EVOLUCION PSICOPATOLOGICA DEL EGO EN LOS POLITICOS ARGENTINOS O DEL MONO ADULTO.-por JUAN CARLOS PAGOTTO

 

Desde que José Ingenieros escribiera su no superada obra: “El hombre mediocre”, los políticos argentinos, en su inmensa mayoría (salvo excepciones) se han puesto en la difícil tarea de concretar en la práctica, como norma de uso la absoluta veracidad de los enunciados de dicha obra.-

No obstante estar todo dicho sobre la mediocridad y sus consecuencias, dada la involución cultural a que nos están sometiendo merced a un relato que aparece como uno y demuestra ser lo otro, resulta imprescindible dejar sentado que: EL MERITO COMBATE LA DESIGULADAD Y EL NEPOTISMO, entre otros males de igual laya.-

Negar la importancia del mérito, es directamente consagrar la mediocridad y el fracaso como métodos de vida, con la absoluta carga de ignorancia y servidumbre intelectual que ello trae aparejado.-

Claro que dentro de este panorama, no resulta gratuita la alusión a la meritocracia de Alberto Fernández, simplemente creo que ensaya una justificación a su existencia como Presidente formal, tratando de dar, a su paso aunque sea el triste significado de las palabras huecas.-

Ni Roberto Arlt en su obra “Los siete locos” habría descripto una ensoñación de tal sentido del absurdo.-

La historia es rica en ejemplos de la mediocridad llevada a las últimas consecuencias, sin embargo, es del caso citar el caso de Campora, tan similar al actual, claro que Cristina Fernández no es Perón ni siquiera en la ideología.- Ya que el General lo tenía al Tío Campora como lo que era: un traidor.-

La simple reivindicación de Campora por la familia Kirchner y el empoderamiento de los expulsados por Perón y/o sus descendientes, constituye por sí solo la justificación de la mediocridad adocenada de la izquierda infiltrada y el apartamiento de humanismo católico en pos de un marxismo en su vertiente Castro-Chavista.-

A partir de esa realidad, no caben dudas que debe atacarse el mérito de todos y cada uno de los argentinos, para poder justificar el carnaval de nombramientos de personajes ajenos al Justicialismo, que no se encuentra ni mínimamente preparados para el ejercicio de los cargos con los que fueron recompensados, son por ser benévolos en su definición ANALFABETOS FUNCIONALES.- Eso si su analfabetismo para el desempeño de los cargos no implica su notoria militancia ajena al Peronismo, del cual desconocen lo más elemental y para ellos es solo una cita electoral.-

No digamos, reiterativamente, cuanta verdad tiene “Cambalache”, sino aquel otro tango, (que Discepolin decía le hubiera gustado escribir), “La Cuarenta “, con su amarga carga de saber popular y su dosis extrema de aguda realidad con la que se consagra el descreimiento que supimos conseguir y que sabemos mantener, veamos:

Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran

y, si la murga se ríe, hay que saberse reír;

no pensar ni equivocado... ¡Para qué, si igual se vive!

¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!

 La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;

Cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;

la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo...

Toda carta tiene contra y toda contra se da!

Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso,

y aquél, el que está más alto, es igual a los demás...

La corrupción, a pesar de ser un fenómeno universal, es más eficaz en un contexto que en otro, en esta práctica social hay ganadores y perdedores. – Es que el impacto de la corrupción produce auténticas calamidades desde el punto de vista económico, político, ético y social, corroyendo las bases mismas de la convivencia en sociedad.-

Si señores, el cadáver insepulto de José Ingenieros transita por el espectro político argentino, y la prueba que justifica tal hecho, se produce mediante el ataque al mérito, además construyendo permanentemente un enemigo y sosteniendo a quien culpar por las propias incapacidades.-

Por último, siempre los políticos alaban al mediocre, porque se ven juzgados ante ese espejo, escondiendo su propia mediocridad y falta de méritos en la figura de los mediocres emblemáticos, en los cuales, de manera autocomplaciente, encuentran la razón de ser de sus vidas públicas de lastimoso pasar en los juicios certeros del tiempo y la historia.-

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