lunes, 1 de octubre de 2012

MONÓLOGOS DESDE EL ATRIL CON ESCENOGRAFÍA 29 / 09 / 2012

Personalmente he dado infinidad de conferencias, charlas y cursos al
igual que muchos otros profesionales. Todos aquellos que hacemos esta
tarea sabemos que, aun cuando nos piden que improvisemos algunas
palabras en algún almuerzo o acto, el discurso tiene que tener dos
elementos fundamentales: a) el objetivo que es tratar de mostrar o
demostrar algo y b) el hilo conductor que nos lleva al objetivo. Luego
el público podrá estar de acuerdo o no con la conclusión a la que uno
llega, pero lo que uno no puede hacer es no tener un hilo conductor en
su exposición. Una línea de argumentación que lleve a una conclusión
determinada.
El jueves pasado me tomé el trabajo de escuchar entero el discurso de
Cristina Fernández de Kirchner en Harvard. Hubo dos elementos que
caracterizaron su discurso. En primer lugar la falta de un hilo
conductor que condujera a una conclusión determinada. Fue una ensalada
rusa de temas diferentes sin conexión entre ellos y, además, en la
variedad de temas que abordó, en ninguno demostró o mostró algo.
La improvisación de su discurso fue más que evidente. No había
preparado nada. Como suele decirse en estos casos, fue "a poncho".
Sacó de la mochila las muy conocidas frases hechas que acostumbra
utilizar (desendeudamiento, plan universal por hijo, etc.) y otras
insólitas como cuando muy suelta de cuerpo dijo que afirmar que hablar
del fin de la historia es una profunda contradicción. Francamente no
sé que quiso decir y tampoco lo explicó.
Su discurso estuvo repleto de imprecisiones, como hablar de
desendeudamiento pero no decir que viene pagando la deuda vaciando el
activo del BCRA. Ejemplo, al 23 de septiembre el 51% del activo del
BCRA estaba compuesto por bonos basura sin valor de mercado y
adelantos transitorios al tesoro. Dichos bonos y adelantos
transitorios sumaban, a la fecha mencionada, $ 261.000 millones
mientras que las reservas del Central, medidas en pesos, eran $
212.000 millones. Es decir, en el activo hay más activos tóxicos que
reservas.
Al hacer referencia a lo que iban a ganar los jubilados, número del
que no se acordaba, dijo que pasarían a cobrar $ 2.200, mostrándolo
como un gran éxito. Al tipo de cambio verdadero, esos $ 2.200 son algo
así como U$S 350. ¡En EE.UU. estaba diciendo que el modelo ha sido
exitoso porque un jubilado gana U$$ 350 por mes!
Cuando se pavoneó con el plan conectividad, lo hacía en un país en el
cual las computadoras de última generación cuestan la mitad que aquí.
Tiró datos en un país desarrollado en que las cifras suenan irrisorias
porque confundió el auditorio de Harvard con sus discursos desde el
atril en que los aplaudidores profesionales y los muchachos de La
Cámpora que le festejan cualquier cosa que diga, sea ésta consistente
o no. En definitiva, la parte de la exposición mostró a alguien sin la
preparación intelectual para dictar una conferencia en un centro de
altos estudios. Pretendió hacer el mismo discurso de un acto político,
donde le festejan con bombos, aplausos y cánticos alguna ocurrencia,
en un ámbito académico, donde no impera la emoción sino la razón.
La parte de las preguntas fue más patética, porque quienes damos
conferencias o hemos dado clases, lo más importante es el respeto al
público o a los alumnos. Si uno acepta preguntas y estas son hechas
con respeto, no hay porqué ofenderse aun cuando el otro piense
diferente. Cristina Fernández mostró una gran intolerancia a las
preguntas porque no le gustaban pero eran hechas con respeto. Claro,
está acostumbrada a los mencionados actos en que La Cámpora le festeja
lo que dice o a videoconferencias preparadas. El mundo académico es
diferente al de la política de barricada. Es un mundo en el que se
debate con pasión, intensidad y respeto. Donde el que dice algo tiene
que fundamentarlo.
Al no estar acostumbrada al debate académico y demostrar que no le
gustan las preguntas que le exigen una respuesta concreta, recurrió a
la táctica de destratar a los alumnos como decir “tu compañerito”, “si
no lees el papel no te acordás qué tenés que preguntar” y cosas por el
estilo. Pero encima no respondía las preguntas. No respondió cómo hizo
para aumentar su patrimonio como le preguntó una estudiante
norteamericana por su aumento patrimonial. Le dijo que había sido
investigada y todo estaba en orden. Claro que no aclaró que el que la
investigó fue Oyarbide. Pero lo más importante, la estudiante no le
preguntó si la habían investigado, sino cómo había hecho para
conseguir aumentar tanto su patrimonio. Y sobre el final dijo que era
porque había sido una abogada exitosa y ahora era una presidente
exitosa. Habría que ver cómo logró su éxito como abogada y lo de que
es una presidente exitosa todavía está por demostrarse,
También, con una clara falta de respeto hacia los estudiantes, CFK
dijo que ellos tenían la suerte de estar en Harvard, una frase poco
feliz porque tal vez no sea por suerte sino porque sus padres
trabajaron honestamente y pueden pagarle a sus hijos los estudios en
Harvard. Y eso no es suerte, es tener padres que trabajaron y le
brindan a sus hijos el mejor capital que uno puede dejarles:
educación.
Pero CFK no está en condiciones de tratar irónicamente a los
estudiantes argentinos en Harvard, como si fueran unos privilegiados
dado que, entiendo, su hija ha estado o está estudiando en EE.UU. y
nadie se está metiendo en su vida sobre si estudia en Argentina o en
EE.UU.
Podría decirse que Harvard le quedó intelectualmente grande a Cristina
Fernández de Kirchner. Demostró no estar en condiciones de dar una
conferencia en un centro académico porque su discurso no tuvo un hilo
conductor. No mostró ni demostró nada. Solo hizo propaganda política
de su gobierno. Eso no es una actividad académica.
También le quedó grande porque no respondió una sola pregunta de las
que le formularon los alumnos. Se fue por las ramas, evadió, hizo
chicanas y descalificó. Es decir, mostró que no tiene capacidad para
estar frente a un grupo de estudiantes y transferirles conocimientos.
En síntesis, su paso por Harvard confirmó que CFK no tiene un nivel
intelectual para poder participar de esos ambientes académicos, pero
sí para los actos organizados y con escenografía preparada ante
militantes que la aplauden y vitorean incondicionalmente.
Pero lo más lamentable fue su falta de respeto. El destrato y la
soberbia con que intentó tratar a los estudiantes que le formularon
preguntas con respeto.
Claramente CFK está para sus monólogos en auditorios complacientes,
pero no para debatir y confrontar ideas con gente preparada.
Roberto Cachanosky
Economía para Todos

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