No escapa a ningún argentino bien nacido, que tenemos que pensar, planificar y actuar un país, dejando de lado, entre otras cosas, el narcicismo nefasto de pensar que no hace falta trabajar porque esta tierra, y por ende nosotros, somos bendecidos “ad eternum” con ventajas naturales otorgadas divinamente, que son sucedáneas del trabajo.-
Por el contrario, los argentinos, tenemos la posibilidad de hacer un gran país, en el que se dignifique el trabajo, se premie el éxito (no se lo denuncie y judicialice como ahora), donde los roles sociales sean definidos con una amplia movilidad, con aquella igualdad de oportunidades que hizo que el hijo de un peón viñatero sea nada más ni nada menos que JOAQUIN VICTOR GONZALEZ, por citar solo un ejemplo.-
Un país en donde las escuelas y las Universidades nivelen para arriba, no que prohíjen un facilismo que deteriora la cultura y son simplemente editoras de títulos o prohijadoras de profesionales sin trabajo (y muchas veces sin el nivel minimo).-
Pero claro, eso no se consigue sin esfuerzo, sin aplicar la creatividad para producir lo que el mundo requiere, para mejorar la calidad de vida, para consolidar la seguridad jurídica y erradicar o minimizar el estado de zozobra que produce la inseguridad ciudadana.
También exige el buen uso del lenguaje, de las definiciones, es decir que: el “ladrón” es “ladrón” robe de donde robare (escritorio, punguista, asaltante o funcionario), no convertirlo en un ejemplo a seguir, del que estamos hartos muchos argentinos.- Acaso nos olvidamos de que cuando un funcionario nos asalta se los define como “un vivo bárbaro”, o la prensa amarilla lo tilda “de empresario exitoso” o funcionario “brillante”.
Se deben acabar los carteles (pancartas, pasacalles y otras yerbas) que den gracias a un gobernante por alguna obra, pues es el deber y tarea de ese GOBERNANTE el administrar el estado que lo conforman las libertades, obligaciones y bienes de todos.
Resulta insultante que en cada obra que se hace (o se deshace) encontremos carteles que dejen debida constancia sobre quien la ordenó (quien la paga somos nosotros) y se consigne “ADMINISTRACION FULANO o MENGANO”, repito es obligación de quien ejerce una función publica, electiva o no, NO ES UNA DADIVA NI SU COSTO ( de la obra) SALE DE SU BOLSILLO.- De la misma forma resulta insultante que se obligue a las reparticiones a colocar una foto del bobernador, (salvo honrosas excepciones) perdón gobernador de turno o pongan su foto luciendo trajes de marca, relojes de alta gama, joyas costosas, etc. en los libros de texto que se reparten a los niños en las escuelas públicas.-
Se debe combatir el sistema de gobernar por “alguna prensa” haciéndonos creer que vivimos en Disneylandia, ya sea por estar aliados con Evo Morales y con el energúmeno de Chávez, o tomar como ejemplo al Dictador (por ser suave) de Fidel Castro.-
Hasta donde admitiremos ser gobernados por aquellos que fueron los apóstoles de la violencia, y, entre ellos y los militares (no se cual de los dos es o fue peor) sumieron al pueblo en un imperio del terror, no solo hacia unos sino hacia los otros también. Pero hoy se disfrazan de corderos aquellos que se levantaron en contra de un gobierno constitucional y generaron con ello el golpe de estado, que castigo a los argentinos y les sirve para vivir cobrando indemnizaciones, que el pueblo paga con sus impuestos. En otras palabras se premia a quienes violaron la ley, por el simple motivo de haberlo hecho “en el nombre del pueblo” (nunca fueron electos para nada, y la Constitución Nacional castiga a los que se atribuyan la representación del pueblo art. 22). O esto no paso, los que lo vivimos sabemos que sí.
Hasta cuándo vamos a soportar a los “periodistas de opinión”, ya que no sabemos quién o quienes les han hecho creer que son infalibles y que su voz es un oráculo indiscutible, cuando saltan de un político a otro con la facilidad con que respiran.
No debemos soportar la presión sobre la justicia, de ningún grupo o gobierno, por cuanto la justicia es (debe ser) en un Estado de Derecho (¿lo somos?) el refugio de los ciudadanos y no el juguete de la venganza o la noticia barata de los noticieros.
Ni las vacas son sagradas, ni el chancho es afrodisiaco, ni la Argentina es el cuerno de la abundancia, ni la amplificación de las necedades las convierte en verdades absolutas, por el contrario. Para probar esto podemos citar algunos ejemplos de acá, de la vuelta de la esquina, mientras nosotros nos debatimos en la mediocridad y la revancha, el Brasil de LULA, nos ha sacado años luz de ventaja, Uruguay vende más carne que nosotros, y encima PEPE MUGICA, ha demostrado ser un VERDADERO ESTADISTA y no un guerrillero fracasado llorando su triste pasado y persiguiendo fantasmas en su ropero.
En 1939 el filósofo español José Ortega y Gasset nos dio un fraternal consejo que ha pasado a la historia y sin embargo nos cuesta aplicar: "¡Argentinos, a las cosas!", pero parece que todavía andamos buscando las cosas y debatiéndonos en las nubes de Úbeda, sin un rumbo fijo y anclados en la creencia de líderes paternalistas (o maternalitas) que solucionaran las cosas por arte de birlibirloque.
YA basta, nos pongamos firmes de una buena vez, pensemos, planifiquemos y construyamos un país para todos los hombres de buena voluntad, consolidemos la paz interior, afiancemos la justicia, aseguremos la libertad y el bienestar general, pero con hechos y no con el simple recitado del preámbulo (eso ya lo vivimos y así nos fue), solo de esa manera habremos cumplido el mandato de la historia, CLARO SI ES QUE TENEMOS ALGÌUN MANDATO.
Juan Carlos Pagotto
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