martes, 8 de noviembre de 2011

LA MUERTE DE LA CONVERSACION

 

Acabo de leer en internet que a la entrada de algunos restaurantes
europeos les decomisan a los clientes sus teléfonos celulares. Según la
nota, se trata de una corriente de personas que busca recobrar el placer
de comer, beber y conversar sin que los ring tones interrumpan, ni los
comensales den vueltas como gatos entre las mesas mientras hablan a
gritos. La noticia me produjo envidia de la buena. Personalmente , ya no
recuerdo lo que es sostener una conversación de corrido, larga y profunda,
bebiendo café o chocolate, sin que mi interlocutor me deje con la palabra
en la boca, porque suena su celular.
En ocasiones es peor. Hace poco estaba en una reunión de trabajo que
simplemente se disolvió porque tres de las cinco personas que estábamos en
la mesa empezaron a atender sus llamadas urgentes por celular. Era un caos
indescriptible de conversaciones al mismo tiempo.
Gracias al celular, la conversación se está convirtiendo en un esbozo
telegráfico que no llega a ningún lado. El teléfono se ha convertido en un
verdadero intruso. Cada vez es peor. Antes, la gente solía buscar un
rincón para hablar. Ahora se ha perdido el pudor. Todo el mundo grita por
su móvil, desde el lugar mismo en que se encuentra.
No niego las virtudes de la comunicación por celular. La velocidad, el don
de la ubicuidad que produce y por supuesto, la integración que ha
propiciado para muchos sectores antes al margen de la telefonía. Pero me
preocupa que mientras más nos comunicamos en la distancia, menos nos
hablamos cuando estamos cerca.
Me impresiona la dependencia que tenemos del teléfono. Preferimos perder
la cédula profesional que el móvil, pues con frecuencia, la tarjeta sim
funciona más que nuestra propia memoria. El celular más que un
instrumento, parece una extensión del cuerpo, y casi nadie puede resistir
la sensación de abandono y soledad cuando pasan las horas y este no suena.
Por eso quizá algunos nunca lo apagan. ¡Ni en cine! He visto a más de uno
contestar en voz baja para decir: "Estoy en cine, ahora te llamo".
Es algo que por más que intento, no puedo entender. También puedo percibir
la sensación de desamparo que se produce en muchas personas cuando las
azafatas dicen en el avión que está a punto de despegar que es hora de
apagar los celulares. También he sido testigo de la inquietud que se
desata cuando suena uno de los timbres más populares y todos en acto
reflejo nos llevamos la mano al bolsillo o la cartera, buscando el propio
aparato.
Pero de todos, los Blackberry merecen capítulo aparte. Enajenados y
autistas. Así he visto a muchos de mis colegas, absortos en el chat de
este nuevo invento. La escena suele repetirse.
El Blackberry en el escritorio. Un pitido que anuncia la llegada de un
mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono.
Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato. Lo veo teclear un
rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué
íbamos?". Pero ya la conversación se ha ido al traste. No conozco a nadie
que tenga Blackberry y no sea adicto a éste.
Alguien me decía que antes, en las mañanas al levantarse, su primer
instinto era tomarse un buen café. Ahora su primer acto cotidiano es tomar
su aparato y responder al instante todos sus mensajes. Es la tiranía de lo
instantáneo, de lo simultáneo, de lo disperso, de la sobredosis de
información y de la conexión con un mundo virtual que terminará acabando
con el otrora delicioso placer de conversar con el otro, frente a frente.

*** Anónimo ***

domingo, 6 de noviembre de 2011

CARICATURA GANADORA EN CONGRESO DE EDUCACIÓN

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe" - Jacinto Benavente
La caricatura, más que un chiste, es una denuncia de la situación por la que atraviesa nuestra Sociedad de valores confusos.

Caricatura Ganadora en Congreso de Educación

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Esta caricatura fue la ganadora en un congreso sobre educación
y vida sostenible celebrado en Sao Paulo.
"Todo mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos...
Cuando lo que debería pensar es en dejar Mejores Hijos para el Planeta."
Necesitamos comenzar YA!
Un hijo aprende del respeto y la honra dentro de casa,
donde recibe el ejemplo de su familia,
así aprende a vivir en su país, a convivir en sociedad
y se vuelve un adulto comprometido en todos los aspectos,
inclusive en respetar el planeta donde vive.

"No se puede defender lo que no se ama y, no se puede amar lo que no se conoce".
Cuando hayas cortado el último árbol, contaminado el último río y pescado el último pez, te darás cuenta que el dinero no se puede comer.

La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.

Cuidémosla!!!!

__._,_.___

Lic. José María Ferrero

viernes, 28 de octubre de 2011

LAS FOTOS QUE FALTAN EN LOS DIARIOS Y CANALES DE TV

La memoria de algunos es siempre frágil, se vuela con el simple soplo de un suspiro (más rápido con un suspiro de poder), sin embargo es nuestra obligación recordar

Con Aznar

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con Varios lideres especialmente con Ki Moon

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con Berlusconi

 

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con Tony Blair

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con Brown

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con Jian.Zeming

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con JUAN CARLOS DE ESPAÑA

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con VARIOS LIDERES

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con OBAMA

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con PUTIN

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con Sarkozy

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con RODRIGUEZ ZAPATERO

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con MANDELA

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con BACHELET

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con HUGO CHAVEZ

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con EVO MORALES

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con CORREA

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Y COMO FRUTILLA CON CFK

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jueves, 29 de septiembre de 2011

AGUAFUERTES AMBIENTALES Y DALE CON LO NUCLEAR!!!, TANTO VA EL CÁNTARO A LA FUENTE QUE AL FINAL SE ROMPE

Parecería ser que algunas personas son duras de entendederas y ni siquiera la letra, con sangre les entra.

Son animales que viven chocando permanentemente con la misma piedra, pero por desgracia son otros los que terminan llorando sobre la leche derramada.

Es evidente que para aquellos que juegan a la ruleta rusa con la vida de los demás, las tragedias de Hiroshima, Nagasaki, Chernobil y Fukushima no han sido mensajes lo suficientemente fuertes y claros como para hacerles comprender la necesidad de abandonar en beneficio del futuro común, la locura de la tecnología nuclear.

Ahora estamos en presencia de un nuevo incidente, entre tantos que no trascienden, ocurrido en el almacén de desechos nucleares de Marcoule, junto al río Ródano y cerca de la ciudad de Orange, departamento de Gard, al sur de Francia, 230 kilómetros de territorio español, y a 370 kilómetros de Barcelona.

Seguramente que escucharemos las mismas excusas que en casos anteriores, que es un accidente menor, sin fuga de radiactividad, que solo provocó un muerto y cuatro heridos, fuera de ello, no hay de qué preocuparse, ya que todo se encuentra perfectamente controlado y que no hay actividad más segura que ésta.

Quizás los gerenciadores de estas faenas, emulando al Chapulín Colorado, se digan para sí: No contaban con nuestra astucia.

Parafraseando a Serrat, cuando dice en “Esos locos bajitos”: “Niño, deja ya de joder con la pelota”, a los grandulones de la burocracia nuclear, deberíamos gritarle: Dejen ya de joder con las centrales atómicas y sus desechos.

Por distintas razones, parece que la frecuencia de los incidentes ligados a estos quehaceres se está acelerando y el cántaro comienza a romperse.

En esto no hay sorpresas, estamos en presencia de una muerte anunciada, ya que la mayoría de los complejos atómicos existentes en todas sus variantes, están llegando al tiempo máximo de vida útil previstos al momento de su construcción, muchas de ellas con tecnologías obsoletas o que en la actualidad el grado de confiabilidad no es el mejor.

En un mundo convulsionado y estresado por las urgencias financieras, obtención de recursos y la lucha por el poder, los imponderables ambientales y sociales se incrementan y las dudas y las inseguridades también.

Apremiados por la maximización de ganancias con el menor costo posible, a la vida productiva de la centrales nucleoeléctricas se las hace extender hasta lo irracional e irresponsable, poniendo en riesgo a millones de personas.

Existe un convencimiento generalizado que la tecnología nuclear es peligrosa en toda su génesis y desarrollo, desde la cuna a la tumba, el albur comienza con la extracción de los minerales radiactivos del seno de la tierra, agravado por su traslado, procesamiento y uso, ya sea en la generación nucleoeléctrica o en armas de destrucción masiva.

Los residuos, que mantienen en algunos casos, su nivel de contingencia por años, décadas, siglos o milenios, incrementan las amenazas.

Este proceso en todas sus etapas, entraña una cuota de inseguridad, agravada por los errores e impericias humanas, la merma en la operatividad y la interacción de fenómenos impredecibles e imprevisibles, como lo ocurrido en Japón.

Como diría mi abuelo: “No hay mal, que por bien no venga” y lo saludable de todo esto y más allá de los saldos lamentables, es que muchos en el mundo han comprendido la necesidad de ir abandonando esta tecnología más pronto que tarde y es esta urgencia la que está imponiendo el desarrollo de nuevas formas de producción energética, menos agresivas y contaminantes.

No quiero terminar estas reflexiones, sin dejar de recordar que un 14 de Septiembre de 1988, el Concejo Municipal de la ciudad de Santa Fe, sancionó la Ordenanza Nº 9047, a instancia de los Concejales Carlos Iparraguirre y Mario Pilo, que declaró a Santa Fe “Ciudad No Nuclear” y por la que se prohibió estas actividades en el ejido urbano de la misma.

Esta iniciativa pionera hizo de Santa Fe, la primera capital de provincia en ostentar dicho carácter y abrió el camino para que gran cantidad de ciudades y provincias a lo largo y ancho del país, la imitaran saludablemente.

Es además de desear que esta normativa fuese más difundida, incorporándose efectivamente a la educación ambiental, actividad permanentemente declamada paro casi siempre postergada en todos los niveles de la enseñanza de grado.

La norma, que fuera acompañada por el trabajo de distintas organizaciones intermedias de la zona, que se oponían a estos emprendimientos, fue una contundente respuesta a los intentos del Gobierno Nacional de empezar a construir una cuarta central atómica en el sur de la provincia, en la localidad de Timbúes.

Lamentablemente parecería ser que hemos retrocedido en nuestro celo ambiental, ya que desde esferas nacionales, en los últimos tiempos y cada tanto, se enuncian proyectos o la puesta en marcha de realizaciones de este tipo, sin las explicitaciones y consultas necesarias.

Sin ir más lejos en esto días se inaugura Atucha II, en el corredor de mayor densidad poblacional del país.

Los dejo para que lo piensen y me despido hasta las próximas aguafuertes.

Ricardo Luis Mascheroni

Docente e investigador universitario

SANTA FE - ARGENTINA

EL TERRIBLE DRAMA DEL TELÉFONO CELULAR

Hernán Casciari

Anoche le contaba a mi nieta un cuento infantil muy famoso, el de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm.
En el momento más tenebroso de la aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer.
Mi nieta me dice, justo en ese punto de clímax narrativo...No importa. Que lo llamen al papá por el celular'.
Entonces pensé, por primera vez, que mi nieta no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi nieta.
Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto
antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.
Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.
¿Ya está?
Muy bien. Ahora ponga un celular en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y Chat, mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.
¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?.
Mi nieta, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las viejas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor.
Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.

Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.
Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.
Y Tom Sawyer no se pierde en el Missisipi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.
Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.
Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.
Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa.
La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad.
Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:
..."M HGO LA MUERTA,
PERO NO TOY MUERTA.
NO T PRCUPES NI
HGAS IDIOTCS. BSO".

Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' .
Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados.
La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría 'Cien años sin conexión': narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el Messenger.
La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.
Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, 'Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura', la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.
En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.
La bruja del clásico Blancanieves no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90 la conexión y 0,60 el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.
También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.
Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.
Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa. La telefonía inalámbrica -vino a decirme anoche la Nina, sin querer- nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.
Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?
No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá.
Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador.
¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.
Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.
Nuestras tramas están perdiendo el brillo, las escritas, las vividas, incluso las imaginadas- porque nos hemos convertido en héroes perezosos.
por Hernán Casciari

Hernán Casciari es el autor de la obra "Mas respeto que soy tu madre", que interpreta actualmente con tanto éxito Antonio Gasalla.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

PIO BAROJA, UN GRANDE OLVIDADO

Aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 , el que sorprendió a todos los presentes fue Pío Baroja.

Porque cuando se estaba hablando de los españoles y de las distintas clases de españoles, el novelista vasco sorprendió a todos y dijo:
"La verdad es que en España hay siete clases de españoles...

sí, como los siete pecados capitales. A saber:
1) los que no saben;

2) los que no quieren saber;

3) los que odian el saber;

4) los que sufren por no saber;

5) los que aparentan que saben;

6) los que triunfan sin saber, y

7) los que viven gracias a que los demás no saben.

Estos últimos se llaman a sí mismos "políticos" y a veces hasta "intelectuales"

.
Unamuno y Benito Pérez Galdós aplaudieron a Baroja.

Sobre todo por el último punto.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mirar el circulo rojo!!!!!!!! MENSAJES PARA EDUCACIÓN: ¡ATENCIÓN DOCENTES!


Ministra de Educación del Chaco María Ines Pilatti Vergara.-


...ANTE EL GAMBIO GLIMATIGO, LA MINISTRA DE EDUGACION PROPONE GAMBIAR TAMBIÉN LOS GLASIGOS UNIFORMES ESGOLARES POR VESTIMENTAS MAS AGORDES
AL GALOR DE ESTOS DÍAS...
LOS GOLEGAS SE GUBRIRAN LO MENOS POSIBLE, LAS GOLEGAS TENDRÁN VARIAS GOMBINACIONES EN GORPIÑO Y GALSON... ETC.ETC...