jueves, 3 de marzo de 2011

Cuando se unen la estupidez con la ignorancia....

Algo muy llamativo  está sucediendo en Argentina desde hace varios años.

En el final de este comentario introductorio daremos a conocer una cifra que se desprende de esta historia que a más de uno va a dejar helado.


En realidad, es más probable que aparezca en el National Geographic que en nuestra TV abierta.

Por estos días, la prensa argentina e internacional se ocupa extensamente de lo que está ocurriendo en Punta Tombo, Chubut, donde miles y miles de pingüinos llegan hasta esas playas cercanas a la Península de Valdez.

Los llamados pájaros bobos son la atracción para visitantes argentinos y extranjeros.


De todas formas, desde hace ya varias temporadas a estas pequeñas criaturas de 50 cm de alto les surgió una "competencia" que está alterando el mapa de las aves patagónicas.


Los albatros y las gaviotas se han multiplicado de tal forma en esa geografía nacional que algunos biólogos del CENPAT (Centro de Estudios del Medio Ambiente Patagónico) están estudiando de dónde proviene semejante

cantidad de ejemplares alados.

A lo largo de todo el gigantesco golfo San Jorge y en localidades pesqueras aledañas de Chubut y Santa Cruz, los habitantes del lugar ven el cielo oscurecerse cuando las bandadas terminan literalmente tapando al sol.


¿De dónde salieron?
¿Por qué son tantos?, se preguntan.

Usted, con razón, también se puede preguntar:

¿Y ésto que tiene que ver con nuestra realidad?

Ya llegamos, esté atento a la cifra que le vamos a revelar.


Estos gigantes del aire despegan hacia el mar en busca de comida...


Los científicos dicen que cada día encuentran más comida, por eso se reproducen tanto, por eso son cien veces más que en los cercanos años noventa; cien veces más.


Resulta que tanto los albatros como las gaviotas encuentran flotando cientos de toneladas de peces muertos muy cerca de la costa…


¿Es la contaminación?,
¿Es un fenómeno natural?

No, es simplemente corrupción en Argentina.
El Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación tuvo una desastrosa idea:


Retirar los inspectores que iban a bordo de los pesqueros  y los fresqueros que buscan langostinos, cambiándolos por meros "observadores", con un casi nulo poder de policía.

Este hecho coincidió casualmente (o no tanto) con otras dos situaciones desgraciadas:
1. La Comunidad Económica Europea expulsó de sus mares a los buques congeladores que eran altamente depredadores.


Ante la imposibilidad de trabajar en el viejo continente, las grandes empresas españolas emigraron hacia Argentina, donde la depredación es una palabra desconocida, casi sin uso.
2. Las autoridades provinciales de Santa Cruz y Chubut (el gobernador Das Neves,  es uno de los que permiten esta depredación) completaron el círculo permitiendo a las naves factorías foráneas a tirar (sí, a tirar por la borda) aquel pescado que no les conviniera.


Desde entonces, los buques que buscan langostinos sólo se interesan por esta especie, que cuesta en el mercado internacional 18 dólares el kilo. Leyó bien, casi 70 pesos el kilo.


Por ello, arrojan al mar la merluza, el cazón, el abadejo, las rayas y hasta el salmón, que caen en sus redes.


Como la merluza es un predador del langostino, ejemplares de muchísimo kilaje quedan atrapados, son llevados a la cubierta y luego arrojados al mar.


Como estos peces viven a 80 o 90 metros bajo la superficie, una vez subidos al barco mueren por una normal diferencia de presión.


Aunque sean devueltos al océano, ya están muertos.


¿Quién se los come?

Acertó: los albatros y las gaviotas.....
¿Sabe cuántas toneladas de merluza tira al mar cada uno de estos barcos de 40 o 50 metros de eslora? 10 toneladas diarias; 10.000 kilos.


Siga sumando con nosotros.

10.000 kilos por día, sólo de merluza (no estamos contando centolla, ni abadejo, ni cazón, ni salmón, ni nada de eso) hay que multiplicarlos por la cantidad de barcos que salen a buscar langostinos.


¿Sabe cuántos son, cada día, sólo en esa zona?


Nunca menos de cien.

Multiplique, cien barcos, que tiran diez mil kilos de merluza, son un millón de kilos de pescado arrojados al mar cada vez que sale el sol.

¿Sabe cuántos argentinos podrían comer estos manjares gratis cada día?


Un millón de compatriotas, que dejarían de tener hambre, porque un kilo de excelente pescado es un regalo de los dioses.

¿Sabe cuál es el país que tiene la mejor educación y la tecnología más avanzada del mundo?


Japón. ¿Y sabe cuál es la base de la comida nipona?

No es el arroz como nos hacen creer, es el pescado.

¿Hace falta detallar las virtudes que les traería a nuestros chicos alimentar sus cerebros con fósforo de nuestros mejores ejemplares marinos?
Estos números que causan vergüenza fueron denunciados una y otra vez por los marineros no nucleados en el SOMU, el sindicato que dirige el impresentable "Caballo" Suárez, ese irresponsable titular del gremio marino que se emborrachó en el medio de una gira de Cristina Kirchner por Europa, generando un escándalo que motivó que lo sacaran de la delegación.


La oposición a Suárez le ha implorado a los empresarios, a los gobernadores patagónicos y a las autoridades nacionales, que terminen con esta depredación del recurso y que alimenten a la gente pobre, que también existe en el sur de nuestro país.


¿Saben cuál fue la respuesta de los dueños de las pesqueras españolas?


Tratan de no contratar personal de a bordo argentino, optando por peruanos y bolivianos que no se quejan de la depredación; porque, total, la plataforma continental no la sienten como propia.
¿Saben qué contestan los políticos argentinos?


Les bajan los impuestos a las ganancias para que ganen más y no sigan protestando.

Hace pocas semanas, los marineros opositores se rebelaron y quemaron varias plantas de procesamiento en Puerto Deseado.


Uno de los pedidos, además del salarial, era que dejaran de tirar pescados muertos al mar.


Los científicos extranjeros que analizan la multiplicación de gaviotas y albatros señalan con resignación:


"La causa de semejante mutación en la población de aves no es otra que la enorme riqueza de los argentinos, casi tan grande como su propia estupidez."
Por Alicia Jardel
Profesora y Colaboradora de Investigacion de Bélgica
Ahora ya lo sabés.
En lugar de amargarte, nada más, difundilo.
Este es otro de los interminables negociados que hacen los políticos a expensas de la riqueza de nuestro suelo, la apatía de nuestro pueblo, (y lo que es muchísimo peor) el futuro de nuestros hijos...


DORA GRIGERA -
DOCTORA EN BIOLOGIA - INVESTIGADORA DEL CENTRO UNIVERSITARIO DE BARILOCHE - UNIVERSIDAD NAC.DEL COMAHUE

miércoles, 16 de febrero de 2011

La Argentina Insolente

El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr.. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA).. Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.

 

En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.

Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían.
Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas... Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.

Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias.

Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.

Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente..

La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible..

El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a
cumplir.

Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se
cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite decir).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.

Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: “la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad.

En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.

Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.

Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo..

Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA.

Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes.

La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.

El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza..

La insolencia hace un culto de cuatro principios:

- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.

La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación.

La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.

Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.

Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?

Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?

Yo se lo voy a contestar.

PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.

Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros.

No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.(que sencillo y no se cumple)

Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.

Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA.

Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.

Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los días.. Ése es el desafío.

Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUÉ LE PARECE?

¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?

Espero no haber sido insolente.

En ese caso, disculpe.

Dr. Mario Rosen

(¿Sería muy insolente si le pido que lo reenvíe?)

sábado, 12 de febrero de 2011

CON ESFUERZO TODO SE CONSIGUE EN NUESTRO PAIS………….

Cachito es cliente del banco Río.

Como es cliente del banco Rió , se compró un depto

Como lo compró en invierno , le puso estufa

Le puso estufa , pero no tenía gas

Con la promo del banco , se compró un aire

Cuando se compró el aire , no tenía luz

Como no tenía luz , se compró un grupo

Cuando se compró el grupo , no tenía nafta

Como se pudrió , vendió el depto

Como vendió el depto , se compró un lote

Como se compró un lote , se le llenó de okupas

Para sacar a los okupas , le pidieron plata

Fue a sacar la plata , pero no había 

Como no tenía plata , se fue a la plaza

Como fue a la plaza , le dieron un plan

Cuando cobró el plan , se hizo de la cámpora

Como se hizo de la cámpora , le dieron una casa 

Como le dieron la casa , no paga gas ni luz

Como no paga el gas , se compró una estufa

Después de la estufa , se compró el aire.

Ahora tiene casa, estufa , aire , luz y gas .

VIERON QUE CON ESFUERZO SE LLEGA ?????

viernes, 11 de febrero de 2011

MENSAJE SABIO, SENCILLO , SIN ARTIFICIOS NI AMENAZAS!!!!.

 

Dijo José Mujica  (Presidente de Uruguay):
Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.


Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo le queda el placer.

Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.

¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!

Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.

No porque sea elegante sino porque es placentero.

Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.

¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!

Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.

En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos.

No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.

Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.

Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.

Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.

Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.

Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento.

En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada.

LA EDUCACIÓN ES EL CAMINO

Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.

Y miren que es un puente largo y difícil de cruzar.

Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.

Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.


Pero hay que hacerlo.

Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.

Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.

Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.

Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.

Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.

Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.

Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez.

O como los que vieron el fuego por primera vez.

Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.

Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.

Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.

Es abrumador.

Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.

Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.

Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.

Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.

Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.

Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.

Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.

Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo. .....(Genial)

No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines.

Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.

Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica..

Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.

No hay tarea más grande delante de nosotros.

José Mujica  (Presidente de Uruguay)

martes, 25 de enero de 2011

La asombrosa vigencia del tango "Cambalache" Discépolo, un verdadero profeta

Marcos Aguinis
Para LA NACION

Hace 75 años que Enrique Santos Discépolo compuso la letra y música de un tango que hoy merecería ser expuesto como la más acertada descripción de la sociedad argentina. Empieza ubicándonos en el universo al decir: Que el mundo fue y será/ una porquería, ya lo sé./ En el quinientos seis/ y en el dos mil, también./ Que siempre ha habido chorros,/ maquiavelos y estafaos,/ contentos y amargaos,/ barones y dublés .
De inmediato se instala en su propia época, sin imaginar que la traspasaría como una espada al corazón, porque agrega: Pero que el siglo veinte/ es un despliegue/ de maldá insolente,/ ya no hay quien lo niegue./ Vivimos revolcaos en un merengue/ y en el mismo lodo/ todos manoseaos.
Se lanza a una disección despiadada de nuestros vicios, encendido por la inspiración: Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor,/ ignorante, sabio o chorro,/ generoso o estafador./ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un burro/ que un gran profesor./ No hay aplazaos ni escalafón,/ los ignorantes nos han igualao.
Adquiere las dimensiones de un profeta al señalar hechos que registra la crónica diaria actual, porque nos describe hace 75 años como si estuviese en 2010. Su bisturí es afilado y la indignación lo desborda: Si uno vive en la impostura,/ y otro roba en su ambición,/ da lo mismo que sea cura,/ colchonero, Rey de Bastos,/ caradura o polizón.
~WRD0671
Compara después -y sin rodeos- a la sociedad argentina con los "cambalaches", que el lunfardo ya había convertido en una palabra de poderosa elocuencia. Igual que en la vidriera irrespetuosa/ de los cambalaches/ se ha mezclao la vida,/ y herida por un sable sin remache/ ves llorar la Biblia/ junto a un calefón.
Las prácticas bochornosas de su entorno, la degradación de valores, la confusión de caminos y de conductas, cargan a este poeta de un pesimismo apabullante. Tal vez confía en que su denuncia genial podrá reavivar la ética, orientar hacia el buen camino y restablecer el perdido sentido común. Sus últimas palabras son el remache de un alud. Es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey,/ que el que vive de los otros,/ que el que mata, que el que cura,/ o está fuera de la ley.
Para colmo, la lista de abusos y desaguisados que ensombrecen la vida de los argentinos (con excepción de los que pescan a río revuelto) se derrama como una garúa sucia día a día, hora a hora. No hacen falta investigaciones geniales ni revelaciones que paralicen de asombro. Al contrario, parecemos haber perdido la capacidad de asombro. Como grita Discépolo, ya todo es posible, ¡todo es igual! Y lo aceptamos. En materia de corrupción se ha llegado a niveles jamás vistos, en una suerte de campeonato histórico, porque cada nuevo año y hasta cada nuevo mes supera al que se dejó atrás. Se predica lo opuesto de lo que se hace y se distorsionan los hechos sin el menor signo de pudor. Se modifica la historia como si viviésemos en los tiempos de la estalinista Enciclopedia Soviética , que renovaba sin cesar las versiones del pasado para justificar los abusos del presente. Y cuando deseamos hacer un repaso de todo lo que nos avergüenza, quedamos bloqueados por el exceso de absurdos que enloquecen al pensamiento. La memoria y el razonamiento sufren disfunciones graves, bajo los vientos que producen fuelles sin normas.
Por ejemplo, ni siquiera se habla de las originales "candidaturas testimoniales". Sólo unos pocos reconocen que fue un error. ¡Un error porque no dio los frutos esperados! Pero fue más que eso. Fue un horror. Porque se gastaban ingentes sumas de dinero para promocionar un candidato que no estaba seguro de asumir la función para la cual rogaba ser elegido. Me parece que excede el ridículo para convertirse en burla. Pero esa burla fue aceptada, digerida y hasta escondida en los pliegues del olvido.
Tampoco se mencionan ya los cientos de millones que un enriquecido gobernador de Santa Cruz mandó al extranjero sin rendir una prolija cuenta de su itinerario, sus comisiones, intereses y destino final, como si se tratase de monedas ahorradas con su laburo: el que no afana es un gil . Por lo menos la sociedad, en sus diversos estratos, tiene conciencia de que en la cúpula del poder no hay un par de giles. Se los podría condenar por muchas cosas, menos hacerle una acusación tan injusta, ¿no?
¿Alguno se acuerda del fiscal de Santa Cruz llamado Eduardo Sosa, que fue apartado de sus funciones como procurador general de la provincia por querer investigar qué pasó con esos fondos multimillonarios? La Corte Suprema de Justicia de la Nación, oportunamente en ese caso, ordenó la restitución del doctor Sosa, pero hasta hoy, septiembre de 2010, todavía esa orden no se ha cumplido.
El insigne matrimonio que manipula la Argentina merece el Premio Nobel de Economía por incrementar de forma incomparable su patrimonio personal. Si no ha encontrado la lámpara de Aladino, sería generoso por parte de ellos informar a giles como nosotros de qué manera se hace. Las malas lenguas desparraman por ahí, además, que al viejo sistema de las coimas añadió un método mucho más eficiente o encubridor que consiste en apoderarse de paquetes accionarios. Quizá ya les están sacando apuntes personajes como los que gobiernan Zimbabwe, Myanmar y decenas de otros líderes angelicales. ¡Exportamos tecnología!
La Justicia se esmera por hacer algo. Pero carga con el pecado de haber dejado pasar mucho tiempo, de no haber reaccionado con energía en todas las ocasiones y de no haber hecho saber a esta castigada Nación que vivimos en una República donde los tres poderes tienen igual dignidad y deben controlarse de forma estricta y permanente. Ahora resulta que un joven ministro de Economía se permite mojarle la oreja a la Justicia despotricando impunemente contra los fallos de la Cámara de Apelaciones en lo Comercial, como si fuesen unos chicos descarriados. ¡Qué falta de respeto/ qué atropello a la razón!
Hace poco un distinguido científico de un país que marcha hacia un espectacular desarrollo me hizo una pregunta difícil de contestar. "¿Por qué el dinero que se quema a diario y estérilmente en Aerolíneas Argentinas no se vuelca íntegramente para investigaciones en las universidades?" Contesté enseguida: "Para no dejar en la calle a un montón de pilotos". Entonces me recordó: "Pero hay varias compañías de aviación que esperan licencias para volar; ellas podrían absorber a esos trabajadores e incluso brindar un mejor servicio". Se me anudaron las cuerdas vocales y quedé mirándolo. En sus ojos percibí su reflexión: "Ustedes, los argentinos, son unos imbéciles que dan lástima. ¡Con el país y las oportunidades que tienen!"
En otro viaje, un economista que se esmeraba por no herir mi patriotismo, dijo: "¿Cómo es posible que invite a la productividad un matrimonio que basó su riqueza en comprar casitas para la renta? ¡Son rentistas de alma!" Luego un sacerdote me avergonzó más aún: "¿No van a juzgar al matrimonio por el pecado de su congelada indiferencia durante la última dictadura militar?"
Hace poco se gastaron litros de tinta y horas de radio y TV para negar una repugnante "diplomacia paralela" que hacía negocios ilegales con Venezuela. Ahora parece que la diplomacia paralela está por convertirse en un instrumento aceptable y hasta virtuoso. ¿Qué significa en realidad? ¿Cuántas ganancias aporta al prestigio, la confianza y la riqueza de todo el pueblo?
La inseguridad crece. Sólo falta que algún ministro vuelva a repetir que es una "simple sensación". La impudicia reinante en varios temas puede facilitar la repetición del disparate. ¡Dale nomás, dale qué va! La gravísima inseguridad no es tratada como una prioridad del Estado, o por lo menos como una de las grandes prioridades que debería tener en su agenda una administración responsable. El panorama se complica porque ahora es "normal" escrachar o quitarles la tribuna o el micrófono a quienes resultan molestos al oficialismo. La democracia argentina ha rebajado su nivel. No se sienten incómodos quienes lucharon contra anteriores dictaduras o autoritarismos para cerrarle la boca al disenso. Todavía no se ha llegado a un desborde de agresiones, porque las potenciales víctimas esquivan un exceso de exposición o se ponen cierta mordaza. Debemos tomar conciencia de que la sociedad argentina enfrenta graves problemas. El mayor es la falta de independencia y fuerza de los tres poderes del Estado. El otro es que han desaparecido las fuerzas que pueden contener los delitos. La policía, con notables excepciones y hasta muertes heroicas, es acusada con frecuencia por connivencia con los delincuentes, corrupción e ineficacia. Las Fuerzas Armadas prácticamente no existen. Gendarmería y Prefectura no darían abasto. Pero tenemos, por el otro lado, "barrabravas", piqueteros de diverso signo y tendencia, organizaciones agresivas, delincuentes sueltos y legiones de personas compradas mediante subsidios. Todos ellos conforman una suerte de novedosas "fuerzas armadas" no incluidas en nuestra Constitución. Aún no sabemos cómo van a actuar cuando la anomia y la anarquía aumenten su señorío. No quiero ser pesimista, sino llamar a la previsión. Cuanto antes.

viernes, 14 de enero de 2011

LO QUE SE KIRK DOUGLAS IMPERDIBLE

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Mis hijos no tuvieron las ventajas que tuve yo en mi infancia: cuando uno viene de la pobreza más abyecta, no hay otra dirección adonde ir que no sea hacia arriba.

Sé que el amor es más hondo a medida que uno se hace más viejo.

Sé que todo el mundo tiene ego.

Sé que, por más que a los judíos nos enseñen a leer en hebreo, no entendemos un carajo de lo que estamos leyendo. Cuanto más estudio la Torá menos religioso me vuelvo, y más espiritual quizá. En el último Yom Kippur opté por la traducción al inglés y descubrí que Dios no necesita que le cantemos alabanzas sino que seamos mejores como personas.

Sé que cada hijo es diferente y que hay que darles soga, siempre: no aconsejarlos mucho y dejarlos cometer sus propios errores. Es como el pase inglés: uno tira los dados y espera a ver qué pasa.

Sé que, a veces, lo que te compromete te libera. Yo no quería ser actor de cine. Mi vida era el teatro y la primera vez que me llamaron de Hollywood rechacé el ofrecimiento. Pero entonces nació Michael y hacía falta más dinero, y me vine para acá.

Sé que todo buen aprendizaje termina sólo cuando estás bien muerto.

Sé que, si un hombre me diera a entender que nunca cometió un pecado en su vida, no me interesaría en lo más mínimo hablar con él.

Sé que los musulmanes siguen a Mahoma; los cristianos a Jesús, y los judíos, a Moisés, pero es el mismo Dios, en mi opinión.

Sé que hacer películas es una forma un poco cara de narcisismo.

Sé que los hijos necesitan la misma cercanía física con el padre como con la madre. Cuando beso a mis hijos en la boca, alguna gente me mira raro, pero no me importa porque sé que no es una debilidad.

Sé que Atrapado sin Salida fue una gran decepción en mi vida. Compré los derechos para cine, pero nadie quería hacer una película con eso. Entonces pagué para hacerlo en Broadway, pero tampoco. Había una línea en especial en el libro que me parecía inigualable: cuando McMurphy trata de arrancar el lavatorio de la pared delante de los demás internos y no puede. Y todos lo están mirando y él gira hacia ellos y les grita: ‘¡Por lo menos traté!’. Hay días en que pienso que ése debería ser mi epitafio.

Sé que por algo es que la política se ha vuelto una mala palabra.

Sé que hay cosas en la vida que uno nunca logra hacer como Dios manda. Jugar al golf, por ejemplo.

He sobrevivido a la caída de un helicóptero, con cirugía vertebral incluida, a un infarto que casi me lleva al suicidio, tengo un marcapasos y problemas en el habla. ¿Y qué? Siempre me digo: la edad está en la cabeza. Es el único antídoto que permite seguir funcionando.

Sé que millones de personas murieron por motivos religiosos: algo anda mal ahí, ¿no?

Sé que esto puede pasar: uno se muere, lo llevan frente al barbudo sentado en el trono, uno pregunta si eso es el cielo y el barbudo responde: "¿El cielo ? De ahí acaba de venir, caballero".

Sé que la única gente que puede destruir Israel son los judíos, porque su obstinación alimenta la división. Como decía aquel chiste en que se encuentran el presidente de los Estados Unidos y el de Israel y éste le dice: ‘Sé que ha de ser difícil ser presidente de 250 millones de personas, pero ¿sabe lo que es ser presidente de cinco millones de presidentes?’

Todo el mundo se la pasa hablando de los viejos tiempos: que las películas eran mejores, que los actores eran superiores, que la gente era más solidaria. Lo único que yo sé de los viejos tiempos es que ya pasaron.

Sé que pensar un poco en los demás es una manera de distraerse de uno mismo. 
Creo que recién ahora empiezo a saber quién soy. Como si mis virtudes y mis defectos hubiesen estado hirviendo en una olla todos estos años y con el hervor se hubieran ido evaporando y convirtiéndose en humo, y lo que queda en el fondo de la olla es mi esencia, y se parece inquietantemente a aquello con lo que empecé al principio.

lunes, 10 de enero de 2011

SIEMPRE VALE LA PENA RECORDAR A GANDHI

MAHATMA (ALMA GRANDE)

Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal.
Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.
Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.
Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.
Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.
No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.
No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.
¡Lo que pasó, pasó!
De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.
Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.
Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.
Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.
Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.
Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.
La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.
Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.
Trabajo es sinónimo de nobleza.
No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.
El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.
Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.
Dios nos ha creado para realizar un sueño.
Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.
Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas.
Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.
No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.
El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.
Tú y sólo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.
“Que este día sea el mejor de tu vida".

MAHATMA GHANDI