lunes, 18 de marzo de 2013

POR FAVOR DEVOLVER A URUGUAY O MEJOR A ANGOLA

Esto es una muestra de la desvergüenza y el ejemplo de un mercenario amarillo, sin otra convicción que el degustar el sabor de las medias o los calzones de los tiranos actuales.-

VICTOR HUGO MORALES POR TWEETS

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18 h Víctor Hugo Morales @victorhugo590

Si hay un Dios es injusto: se lleva al Comandante y pone a un genocida al frente de la Iglesia. Debiera haber sido al revés. Mi repudio.

18 h Víctor Hugo Morales @victorhugo590

Los sistemas imperiales, a través del Vaticano, enviarán a Francisco I a quebrar la gesta de la Patria Grande Sudamericana. No lo lograrán.

18 h Víctor Hugo Morales @victorhugo590

Me da vergüenza, me da asco toda esa gente celebrando frente a la Catedral al nuevo enviado de las corporaciones para detener al socialismo.

18 h Víctor Hugo Morales @victorhugo590

Bergoglio entregó sacerdotes tercermundistas a la dictadura genocida de Videla. Es el Papa de Clarín, de la Sociedad Rural, de los Macri.

domingo, 17 de marzo de 2013

LOS VERDADEROS COMPLICES DE LA DICTADURA

Desde Francia recuerdan lo que la Argentina olvida: Fidel Castro, y otros falsos ídolos y mandantes de los que hoy calumnian al Papa, fueron sostén del Proceso y encubridores de sus crímenes

Los verdaderos cómplices de la dictadura

“¿Quién fue cómplice de la dictadura en Argentina? ¿Brejnev, Castro, la FIFA o el futuro Papa Francisco?”. Así comienza un artículo del semanario progresista francés Marianne2, en reacción a las acusaciones de ciertos sectores contra Jorge Bergoglio.

El autor de la nota -Guy Konopnicki- es un ex militante del Partido Comunista francés que se sumó en los años 1977 y 1978 a la campaña de los exiliados argentinos para denunciar las violaciones a los derechos humanos que estaban teniendo lugar en nuestro país. Eso le permitió ser testigo de una siniestra paradoja: los principales respaldos a la dictadura “anticomunista” argentina vinieron precisamente de los regímenes totalitarios marxistas: la Unión Soviética y sus satélites, Cuba en primer término.

El artículo de Konopnicki tiene el mérito de recordar lo que muchos protagonistas de aquellos tiempos deliberadamente omiten en su relato. Los Partidos Comunistas del mundo entero –el de Argentina incluido- conformaron una verdadera red internacional de protección para la Junta Militar que presidía Jorge Rafael Videla a fin de evitar que su régimen fuese denunciado y condenado por la represión ilegal. Primero lo hicieron con el argumento de que el general en cuestión era en realidad una “paloma” y que, si caía, vendrían los “halcones”; por lo tanto, había que sostenerlo. Más tarde vino la necesidad de preservar el floreciente comercio de grano argentino hacia la Unión Soviética, que le permitió al Proceso sortear el embargo dictado por los Estados Unidos… por la violación a los derechos humanos.

Para que se entienda bien: Moscú y La Habana fueron los principales socios comerciales y políticos de la dictadura argentina de 1976-1983. Un hecho que no les impide a los miembros de ONG de derechos humanos, a madres y otros familiares de desaparecidos y, más en general, a muchos políticos argentinos peregrinar hacia Cuba para fotografiarse con Fidel Castro.

En los años 77 y 78, los comunistas del mundo se empeñaron en negar la represión en Argentina. Lo que estaba pasando no era comparable a lo de Chile, decían. Cuando finalmente la realidad de la violación sistemática de los derechos humanos en la Argentina fue imposible de negar, gracias al trabajo y la solidaridad de otros, la tarea de encubrimiento se trasladó a la ONU donde año a año, gracias al voto de La Habana y de otros gobiernos títeres de Moscú, el régimen militar argentino evitaba la condena internacional en la Comisión de Derechos Humanos.

Asqueado, Konopnicki dejó el Partido Comunista pero, a diferencia del progresismo local, no olvida.

Estos hechos no son ignorados por quienes hoy, a sabiendas, piden cuentas donde no deben hacerlo. Si no alcanza con ir a los archivos de la ONU -donde consta el voto cubano a favor de la dictadura argentina… y viceversa-, están las denuncias tempranamente formuladas por el escritor y periodista Rodolfo Walsh, cuya memoria estos sectores supuestamente veneran pero en realidad traicionan.

“El PC –escribía Walsh entre fines de 1976 y comienzos de 1977- no participa en los conflictos, mientras negocia con el gobierno a través del Partido Intransigente y le paga viajes a Lázara y García Costa para que viajen al Congreso de la Internacional Socialista a defender a Videla (…). (La dictadura) mantiene excelente relación con el bloque soviético que con su importancia los salva en el sector externo. La exposición soviética en Buenos Aires muestra que no se trata de coletazos de la relación con Gelbard sino de una política que se mantiene con el actual gobierno”.

También cuesta entender los reclamos de desprotección a las víctimas de la dictadura por parte de integrantes de las mismas organizaciones cuyos jefes desampararon a los militantes cuando no los enviaron deliberadamente a la muerte.

El relato montado en los últimos años oculta además que hubo un duro debate en el seno del peronismo –y más allá- entre quienes adherían a la lucha armada y quienes no; entre quienes pensaban que “cuanto peor mejor” (léase: que vengan los militares, así se agudizan las contradicciones y el pueblo tendrá claro quién es el enemigo; tal fue la lógica de Montoneros, ERP y otras organizaciones) y quienes pregonaban la defensa del gobierno democrático, con todos sus fallos, hasta el último momento, porque eso sería menos cruento.

Que hoy algunos de los cuadros guerrilleros se camuflen como blancas palomas no debiera hacer olvidar su responsabilidad en la espiralización de la violencia en el país.

Por eso sorprende la virulencia de reclamos hacia terceros, fundados esencialmente en la supuesta omisión en que habrían incurrido, en contraste con la defensa cerrada que hicieron, por ejemplo, de los jefes montoneros cuando un juez quiso indagarlos por su “necesaria” participación en el secuestro y muerte de varios militantes de aquella organización en 1980, en la tristemente célebre Contraofensiva cuyo principal resultado fueron unos 80 desaparecidos más. Una operación demencial, muy bien relatada en el libro Fuimos soldados de Marcelo Larraquy, en base a los testimonios de los pocos sobrevivientes, y por la cual nadie rinde cuentas.
Nunca hubo tan mala memoria como en estos tiempos en que la palabra está en boca de todos.

“El padre Jorge Mario Bergoglio no era en aquel entonces jefe de la Iglesia Argentina, señala Konopnicki, lo fue en 1998, veinte años después del Mundial de Fútbol”. Y entonces pregunta: “¿Y si la elección del papa Francisco fuese, por el contrario, la revancha de las religiosas martirizadas y de los militantes cristianos secuestrados por los escuadrones de la muerte?”.

sábado, 16 de marzo de 2013

Todo fuera de la ley, nada dentro de la ley

Horacio Minotti ~ Marzo 16, 2013

Casi no lo percibimos, porque el efecto no es mediato. Vemos otras cosas. La inflación que nos complica para llegar a fin de mes. La que nos complica para llegar a fin de mes. La inseguridad porque nos roban lo poco que tenemos o simplemente matan a los nuestros impiadosamente. El impuesto a las ganancias en el salario de los trabajadores, porque es aberrante, una vulneración de nuestros derechos humanos. Algunos actos de corrupción, los más significativos o los que explotan porque nos los muestra la prensa.

Es cierto, es suficiente para indignarse, para levantar la voz, para marchar por un cambio. Pero no es lo peor, estén de esto seguros. Lo peor es la terrible degradación institucional en la que el kirchnerato está sumiendo a la sociedad. Los argentinos sufrimos brutalmente la pérdida de nuestras instituciones, y luchamos contra una dictadura genocida para recuperarlas, y ahora nos es arrebatada por un grupo político cuyos intereses generalmente corren al margen de la ley y no tiene problemas en violarla de modo constante.

¿Qué nos cambiaría que el Consejo de la Magistratura sea elegido de modo directo por los ciudadanos aun cuando esto sea abiertamente inconstitucional? ¿Por qué me preocuparía por ello, si mi problema de hoy es que me robaron el sueldo al salir del cajero automático? Es cierto, las consecuencias de la degradación institucional son lentas, se pagan a largo plazo, pero también son permanentes, dolorosa y muchas veces sangrientamente reversibles. Tal vez amigo, podría Usted avanzar algo más en su razonamiento y vería que ese suceso del cajero tuvo que ver con que las instituciones, en la Argentina, no funcionan.

No podemos olvidarlo, porque no pasó hace tanto. Y por eso no podemos permitirlo. Hay que abrir los ojos porque la cosa es grave. Y porque el kirchnerato es un combo. La inseguridad, el impuesto al salario, la inflación y la degradación institucional llevan un sello único y brutal.

Señora, si dejamos que los miembros de esa cosa lejana y desconocida llamada Consejo de la Magistratura sean elegidos por el voto directo como postula la presidente, los jueces que atenderán su demanda contra el Estado por reajuste jubilatorio responderán a un partido político, porque en la Argentina, éstos son los únicos que pueden postular candidatos. Y usted dependerá de que le toque un juez, kirchnerista, del PRO o radical para la surte de su reclamo.

Es cierto que hoy muchos jueces son manipulados por políticos. Muchos de verdad. Pero si lo institucionalizamos, si a esto le damos un formato legal aceptable, será irreversible. Nunca volverá atrás, o si lo hace, será por vías que todos o casi todos, queremos evitar. Mucho más si se hace al margen de la Constitución Nacional, que dice expresamente todo lo contrario.

Es perfectamente comprensible que uno esté preocupado porque ya no llega con la cuota del televisor. Pero amigo, si dejamos que cada día la Constitución se viole sin consecuencias, es posible que su hijo sea discriminado para un trabajo por ser petiso o gordo, o que lo encarcelen sin más por negarse a pagar un soborno, o simplemente que lo despidan sin indemnización.

Porque todos nuestros derechos fundamentales están escritos en esa Constitución, los más básicos, aquellos sin los cuales no podemos vivir. Si violarla se hace impune, diario, constante y sin consecuencias, hoy es el Consejo de la Magistratura y las competencias del Poder Judicial, mañana su derecho de propiedad, pasado sus derechos sociales, y luego el fin.

Alguna generación deberá pensar en algo más allá del drama cotidiano que existe y es comprensible. Porque no sabemos dónde está el punto de inflexión que separa la degradación, del fin como sociedad. Y puede alcanzarse en cualquier momento mientras pensamos en el precio de la carne picada.

Tal vez nos toque a la misma generación que peleamos para recuperar a este país de la dictadura genocida. Un segundo gran esfuerzo, un segundo gran acto de coraje 30 años después. Más viejos, más cansados, más desilusionados. Pero también con la experiencia y la templanza para cualquier desafío. Ojalá otra vez estemos a la altura de las circunstancias, porque se acerca la hora de retos sustanciales e ineludibles. Hagamos un esfuerzo para entender lo que está pasando, y salgamos al toro, denunciemos sin temores, expliquemos que existen otros proyectos de país, serios, inteligentes y con calado social. Proyectos fundados en verdadera Justicia Social relacionada con la dignidad del trabajo y la educación, y no con la manipulación por la ignorancia y la prebenda.

Acerquémonos a la gente, para decirle que un futuro para sus hijos es posible, y está al alcance de unos años de esfuerzo. Que se puede llegar a un alto grado de igualdad de oportunidades, que violar la ley es violarnos a nosotros mismos, porque las leyes las sanciona el pueblo y la Constitución es el compendio de derechos más sagrado que la ciudadanía se ha dado a sí misma. Que los tiempos se acortan y el futuro se aleja, y que esos chicos nuestros que hoy patean la pelota o juegan con la muñeca, merecen que pongamos un poco más de nosotros. Incluso viéndolo de un modo egoísta, pensemos en que esos hijos nuestros, dentro de 50 años puedan decir: “mis padres me dejaron un futuro porque tuvieron lo que había que tener”.