viernes, 29 de abril de 2011

IRÓNICA PROPUESTA

"En 2012, la Universidad de La Plata debería premiar a Mahmoud Ahmadinejad"

Pilar Rahola recibió el premio Derechos Humanos 2011, de UN Watch. Ella escribió acerca del premio que la Facultad de Periodismo de La Plata otorgó  a Hugo Chávez Frías:

¡Qué problema para Florencia Saintout, Decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, admiradora de Hugo Chávez Frías!

No le critican desde la derecha.

!Pilar Rahola Martínez es una política y periodista española de ideología independentista catalana de izquierda:

"¿Qué le ocurre a nuestras Universidades? ¿Aún son el templo de la inteligencia, o se han convertido en un conspicuo reducto de la imbecilidad ilustrada? Y perdonen el supuesto oxímoron de estos dos substantivos, pero sabemos desde que el mundo es mundo que tener un título universitario y

haber leído cuatro libros, no significa tener una cabeza bien amueblada. Muy al contrario, la historia está llena de grandes letrados que han construido

edificios intelectuales que se caían con el movimiento de un simple naipe.

Este no es un artículo de historia, pero si hacemos un breve repaso de algunos grandes nombres, cuya categoría intelectual no les impidió tener una baja categoría ideológica (e incluso moral), la lista da miedo. Premios Nobel que han defendido a brutales dictadores de izquierdas, líderes de opinión que hace dos días daban la mano a Gadafi, líderes sociales que se paseaban por Irán como si fuera el paraíso de la libertad, y por el camino de la confusión de conceptos, intelectuales, periodistas, escritores, políticos y el tutti quantti de la izquierda más ruidosa aplaudiendo las locuras de Chávez. Muchos de ellos, gentes de universidad, cuyas lecturas no han sido aprovechadas para la claridad del pensamiento.

¿Qué le ocurre a la izquierda? Y, por ende, ¿qué le ocurre a esa izquierda enquistada en los púlpitos universitarios, convertida en gurú de ideas caducas, cuyo romanticismo revolucionario es tan kitsch como irresponsable? Profesores, catedráticos, líderes estudiantiles contaminan cerebros juveniles ávidos de ideas románticas.

Por supuesto que la Universidad debe ser el territorio natural del pensamiento crítico. Y por supuesto que debe caminar vis a vis con las ideas de progreso. Pero no hablo de pensamiento crítico, ni de progreso. Muy al contrario, hablo de lobo dogmáticos que venden ideas reaccionarias, disfrazados de corderos progresistas. Hablo del pensamiento inverso, de la izquierda lunática, de esa izquierda que algún día tendrá que dar explicaciones a la historia por haber traicionado los valores de la libertad.

El artículo parte, por supuesto, del último ejemplo de esta inversión de valores: el premio que la Universidad de la Plata ha otorgado recientemente a Hugo Chávez. Según el veredicto, premian a Chávez por su defensa a favor de la libertad de expresión, y ante la noticia, una no sabe si se trata de una broma al estilo de las que gastaba Hitchcock con la invasión de los marcianos, si se tomaron unas copas y el veredicto fue al final de la fiesta o si les gusta tomar el pelo al personal porque se aburren en las aulas.

¡Premio libertad de expresión a este autarca que ha cerrado medios de comunicación, persigue a disidentes, a opositores y a periodistas, que ha pervertido las reglas de juego democráticas y que aspira a ser el pequeño Napoleón de Latinoamérica! ¿Cómo se puede traicionar tan alegremente la definición básica de la palabra "libertad"?

Se puede, y ahí está la Universidad de la Plata para demostrarlo. Sugiero, para continuar la broma, que el año próximo le den el mismo premio a Mahmoud Ahmadinejad. Es un buen amigo de Chávez.

La cuestión, sin embargo, deja de ser una broma cuando la alucinante anécdota de este premio se convierte en la categoría de una forma de hacer y pensar que, en nombre de las libertades, el progresismo y la revolución, esconde un gran edificio de pensamiento totalitario.

Seamos claros. La extrema izquierda es a la libertad lo mismo que la extrema derecha: su enemigo. Y la diferencia entre militar en un grupo de skin heads con el cerebro lleno de vacuidad intolerante, y hacerlo en un

grupo de extrema izquierda lleno de dogmas de fe que justifican atrocidades, abusos y dictaduras, es la misma diferencia que hay entre una manzana y una poma, que en mi lengua, el catalán, significa una manzana: es decir,

ninguna.

Quizás hay que empezar a hablar claro. Ni todos los que hablan de libertad, aman la libertad, ni todos los que se erigen en líderes sociales presentan valores éticos, ni todos los políticos que aseguran defender al pueblo, son

de fiar.

A diferencia de la derecha, que es estigmatizada cuando pisa los

territorios perversos del extremismo y se convierte en un monstruo, la izquierda goza de mucha más impunidad y atraviesa y pisotea esa delicada frontera de valores sin que nadie la envíe al infierno. Aún hoy los grandes dictadores de izquierdas son venerados en los pósters de nuestros jóvenes gracias al buen hacer de los caducos revolucionarios de antaño. Cuyas

barbaridades, por cierto, sembraron de cadáveres las tierras del mundo.

¿O solo mataron los Pinochet y los Videla? ¿O no mataron los Castro y los Stalin? ¿O eran héroes los tipos que tomaban una pistola, se paseaban por una calle de Buenos Aires y disparaban al primer pobre policía que encontraban, quizás un joven emigrante de tierras pobres, con un sueldo de nada y un miedo de todo, y lo mataban en nombre de su causa impuesta a fuego?

Perdonen la insolencia pero entre un dictador y un terrorista no encuentro otra diferencia que la propia de las dos caras de la moneda. Eso lo aprendimos hace tiempo en España, con ETA. Pero decirlo en Argentina es extraño, porque ustedes aún no han hecho los deberes con la memoria trágica del terrorismo. Solo lloran a un lado de las víctimas. Las otras, desgraciadamente, son ninguneadas, despreciadas y olvidadas. Como si aquellos que tomaron pistolas, mataron personas y querían imponer una dictadura comunista, fueran libertadores. Como si las víctimas fueran culpables de su asesinato.

¡¡Qué inversión de valores, asesinar impunemente en nombre de la libertad de los pueblos!

De eso hablamos, de eso, de una civilización basada en la Carta de Derechos Humanos y que si ha sido violentada y pisoteada en nombre del fascismo, también lo ha sido en nombre de la izquierda reaccionaria.

De ahí que el premio de la Universidad de la Plata sea más trágico que cómico. Y no porque no provoque una hilaridad cósmica, sino porque es la punta del iceberg del pensamiento inverso. Ese que dice defender el progreso, y avala a los peores reaccionarios de izquierdas. Ese que dice defender la opinión libre, y premia a los que imponen dogmas, consignas y pensamiento único. Ese que dice amar la libertad, y la traiciona con

diurnidad y alevosía.

¿Quo vadis, Universidad? Hacia dónde va no lo sé, pero desde luego a menudo no circula ni por los caminos del compromiso moral, ni por los senderos de la inteligencia.

jueves, 28 de abril de 2011

SOBRE LA EDAD...

Alfredo Moffat

Psicólogo -

"Terapia de Crisis

La negación de la edad es una tontería. Yo tenía miedo a esta etapa que empieza después de los sesenta años. Ahora, que más o menos estoy instalado en ella (tengo setenta y tres años), me doy cuenta que se me ha simplificado la vida, y la mayor parte de las cosas que antes me preocupaban, ahora creo que son boludeces, pero quedó lo esencial: el amor, los hijos, la justicia social, la solidaridad (y también el dulce de leche y la crema chantilly…)
Esta edad no está tan mal, el tema de la muerte siempre angustia, pero yo creía que iba a ser peor. Es una tontería hacerse el pendejo, fíjense si tuviera que ir al gimnasio, sería todo un laburo y no podría gozar de esto de hacerme el filósofo. Cuando cumplí sesenta años hice una fiesta en la Escuela. Y dije: tengo dos caminos, o me convierto en un viejo sabio, o en un viejo pelotudo. Lo último me pareció aburrido. Cuando no asumís la edad, no gozás ni la una ni la otra.

El temor a la vejez hace que la ocultemos, que sea considerada como algo indigno, a ocultar en un geriátrico porque ya no servimos más.

Acá en la Argentina tenemos la cultura de Mirta Legrand, pobre Mirta, para conservar la juventud debe usar una máscara de cirugía y no está gozando de esa edad.

Cuando estuve en Estados Unidos había una actriz que había sido muy famosa, Bette Davis, que ya estaba muy viejita y tenía el rostro con las arrugas del tiempo. Era conductora y tenía un programa muy respetado, en el que podía decir cosas sabias, porque estaba cómoda en esa edad, era creíble.

También en Italia, estando en una plaza de Roma, pude ver que estaban todos los viejitos (los respetados nonos) jugando a las cartas y tomando Cinzano, con gran dignidad, y la gente iba a preguntarles cosas. El que vio la película casi hasta el final, sabe perfectamente cómo es, y puede avisarle a los otros cómo viene la mano de la vida.

Pero en la Argentina, cuando llegás a esta etapa, te meten en un geriátrico y no aprovechan la historia, que es necesaria para construir el futuro.

En el Amazonas no hay jubilación de viejos. Yo fui hace muchos años, de aventurero, con mochila y bolsa de dormir, y ahí estaban los viejitos de la tribu mirando el río Xingú que desemboca en el Amazonas. Y pensé: "Ahí está la biblioteca nacional"... Uno sabía de partos, otro de canoas, otro de plantas medicinales, a ellos los cuidaban mucho, porque eran los transmisores de la sabiduría, no había transmisión escrita (se moría el de las canoas y tenían que cruzar nadando…) Tenían una dignidad como los que vi en la India. Allí, en el proceso de vida, se respetan todas las etapas.

En estos países de la cultura occidental, tecnológica, donde lo que no es nuevo hay que tirarlo, lo mismo se hace con los seres humanos, y eso es una tontería. En la cultura norteamericana todos tienen que ser jóvenes y lindos.

Hay una etapa de la vida en que uno es niño, otra en que es joven, otra donde es adulto y otra donde es viejo. Nosotros atravesamos las cuatro etapas de la vida, si negamos una, vamos a tener problemas. Si se nos niega la infancia vamos a perder la creatividad, si se nos reprimió la adolescencia, vamos a perder la rebeldía.

Lo importante es seguir creciendo, es como pasar por distintas estaciones. En cada una hay que bajarse y tomar el otro tren (son las crisis evolutivas). Algunos se bajan en una y ahí se quedan, no siguen en el viaje de la vida.

Cuando no se transita uno de los pasajes evolutivos, se produce una perturbación. Si la niña no puede genitalizarse, queda en un vínculo infantil y no asume sus posibilidades de hacer pareja, es la hija que queda captada por un padre muy sometedor, tiene cuarenta años y vive con el padre. Pero no puede hacer pareja con el padre por el incesto y por la diferencia de edad, son dos mundos distintos. Lo mismo ocurre con el varón, cuando muere el padre, y la madre lo coloca en el rol del hombre de la casa. Ese adolescente empieza a desfasarse de su objeto sexual, que es una novia, y es el típico solterón, o se casa y tiene problemas, no se despegó de la madre.

La concentración urbana genera la familia nuclear: papá, mamá y uno o dos hijos, donde es tan pequeño el espacio, que no cabe el abuelo, va al geriátrico, después tienen que mandar al nieto a la guardería, pero ¿quiénes son los mejores cuidadores para el nieto? el abuelo y la abuela. ¿Qué mejor maestra jardinera que un abuelo o una abuela? Ambos están fuera de la producción, fuera de la tensión necesaria para la lucha cotidiana, ambos están en el mundo de lo imaginario...

En Santiago del Estero el tata viejo es un personaje muy importante. Es el que sabe la historia de la familia, transmite la información, los agüelos cuidan al gurí, las dos puntas de la vida se complementan.

En nuestro país la vejez está desvalorizada, los viejos son marginados, el cambio social fue tan brusco que su experiencia habla de una Argentina que perdimos, si terminan en el geriátrico, los tratan como chicos, los retan y los humillan, se deprimen y aparecen todas las enfermedades que tienen que ver con las bajas defensas.

En cambio, en las sociedades más sanas, esta es una época muy rica, porque es la de la reflexión, que es parecida al juego y la creatividad, pero ya después de haber visto la película entera y haberla entendido. Es como el que viajó mucho y ahora puede ver el panorama del viaje.

La última etapa es lo que se llama la senectud, que a veces tiene un deterioro grave, neuronal, de las funciones mentales. De todas maneras, el final del proceso de la vida, que es la muerte, es un tema negado en nuestra cultura. El final, la agonía, a veces tiene características traumáticas, como algunos partos, al inicio. Los humanos somos todos de la tribu de los "Uterumbas", porque vamos del útero a la tumba.

Se puede estar en cualquier edad, incluso setenta, ochenta años, y el que tiene un proyecto se aleja de la muerte. Eso lo vi en Pichón anciano, él decía: “la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos”, el tema es la construcción de la esperanza. ¿Cómo la podés construir?, si esa historia tiene sentido y se arroja adelante como esperanza.

Padres que no le tienen miedo a la muerte hacen hijos que no le tienen miedo a la vida.

NADA PARA FESTEJAR

41 años han transcurrido desde 1970, fecha en que se institucionalizara el Día de la Tierra , cuya finalidad apuntaba a generar una relación más armónica, más respetuosa y menos agresiva para con el entorno.

Muchos años para la vida de un hombre, muy pocos para la de la Tierra.

Eran épocas de utopías y luchas por un mundo mejor, en que se le decía no a la guerra y las ideas libertarias florecían en el ocaso del hippismo.

El ecologismo o el ambientalismo, estaban en sus albores y eran actividades reservadas para unos pocos entendidos o iniciados.

No obstante científicos, catedráticos, estudiantes y algunos sectores sociales minoritarios empezaban a intuir que algo no estaba funcionando del todo bien en esa relación controversial entre Sociedad-Naturaleza.

Ya se insinuaban algunos indicios preocupantes sobre los problemas que se avecinaban, por lo que el Club de Roma encarga un informe sobre la situación al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que se plasmaría en el libro “Los Límites del crecimiento” de 1972 y que anticipaban tendencias negativas sobre el futuro inmediato y que habrían graves interrogantes sobre la viabilidad del crecimiento permanente, anunciando una crisis de proporciones.

El informe referido planteaba que de seguir la política de acumulación de capital en pocas manos, el desequilibrio entre la tasa de natalidad en aumento y la de mortalidad en descenso, el consumo irracional de recursos y el despilfarro energético, el colapso total, sería una hipótesis cierta y previsible, en un tiempo no tan lejano.

Muchos de esos pronósticos y anticipaciones, lamentablemente, hoy empiezan a tener confirmación, a la luz de los descalabros sociales y ambientales que en distintas regiones del mundo se están produciendo, en la cual la desigualdad y el cambio climático aportan su cuota parte de agravamiento del problema.

Casi un tercio de la humanidad no tiene lo mínimo necesario para su subsistencia, el agua escasea o está contaminada, los catástrofes ambientales y fenómenos extremos se han hecho más pronunciados y recurrentes, no obstante un sector minoritario de la raza humana, menos de un 20 % privilegiado, que tiene todos los botes salvavidas, sigue bailando en la cubierta del Titanic, despilfarrando recursos y el patrimonio común, en una fiesta interminable, que terminaremos pagando todos.

Todas las exhortaciones y apelaciones a favor de un cambio racional de paradigma, que posibilite que sigamos siendo seres vivos, equivalen a predicar en el desierto o caen en oídos sordos y parecería que la única aspiración “trascendente” de los grupos globalizados es el consumo ilimitado y bastante irracional por cierto.

Mientras tanto, disimulado por el maquillaje verde, con la complicidad de gran cantidad de ONGs. ambientalistas creadas por y para el mercado, las grandes empresas multinacionales que conducen este tsunami consumista, hablan de responsabilidad social empresaria, consumo verde, autos ecológicos, biocombustibles, desarrollo sustentable, revolución verde, etc., mientras llenan sus faltriqueras a costa del futuro común y las carencias de millones.

Diría Eduardo Galeano “no todo es verde lo que se pinta de verde” y la consigna de hoy, que se multiplica y reproduce sin solución de continuidad en los medios de acción psicológica (prensa), parecería ser: “a comprar que se acaba el mundo”.

Como agujeros negros devoradores de energía y los ahorros de muchos, las catedrales del mercado (shopping) y sus hijos bastardos, los casinos, florecen como hongos después de la lluvia, para alegría de chicos y grandes, ofreciendo, a los incautos que creen distenderse en esos lugares, hasta que les llega el resumen de cuentas de sus tarjetas de créditos, iluminación, aire y seguridad artificial, que terminan pagando con su libra de carne.

Los funcionarios municipales, por su parte celebran estos síntomas de “crecimiento” y “desarrollo”, confundiendo gordura con hinchazón, mientras la violencia y la miseria cotidiana, les estalla en la cara.

Aquellos que teníamos confianza ciega en que a través de la prédica, educación, toma de conciencia y participación social se podía revertir la tendencia suicida, que cada día más, nos pone al borde del abismo y más cerca de una catástrofe de proyecciones impredecibles e imprevisibles, hoy no estamos tan seguro de ello.

Por desgracia el paradigma consumista y el modelo comunicacional de aturdimiento social globalizado, han calado hondo y es poco probable que en lo inmediato viren hacia una relación más sana y armónica con el ambiente.

La creencia en que la ciencia es infalible y que todo lo puede remediar, alimentan el sueño del crecimiento sin límites, cuyas huellas casi imposibles de borrar están aniquilando las esperanzas de millones que luchan por un mundo mejor, mientras los tiempos se acortan inexorablemente para la salvaguarda del Planeta.

El paradigma del transporte y por qué no, del status social, su “Majestad el automotor”, cada año mata más de 1.300.000 personas y provoca más de 50.000.000 de heridos y lesionados, sin contar otras afecciones producto de la contaminación, lo que ha superado con creces a la sumatoria de víctimas de todos los conflictos bélicos que año a año se desarrollan en el mundo, impulsados por los traficantes de la muerte para la apropiación de nuevos recursos.

A su paso, cual caballo de Atila, avanza la desertificación de los suelos, se degrada la calidad del agua, los bosques y selvas nativas se convierten en celulosa, cuando no son incendiadas intencionalmente o dan paso a formaciones forestales industriales o desaparecen literalmente bajo el peso de los monocultivos.

Toda estratagema es válida para aumentar el botín de la piratería internacional, en sus correrías inveteradas contra la Tierra en su conjunto.

Esos sectores de poder han transformado al planeta en su Terra Nostrum, equiparándose a los romanos en su principio del Mare Nostrum.

Millones de muertos, heridos, desplazados, exilados, enfermos, olvidados, silenciados y marginados, son mudos testigos que integran la nómina de los que no tienen cabida en la “Gran Comilona” del poder mundial.

Ellos sobran, son descartables, reciclables, están de más, no han alcanzado el mínimo indispensable para acceder a la categoría de consumidores y por tanto no son considerados ni tenidos en cuenta por los parámetros de un mundo pragmático, utilitarista y productivista.

Sin más y esperando que este 22 de Abril piense en nuestra Pachamama, lo dejo hasta la próxima aguafuertes.

Ricardo Luis Mascheroni

Docente e investigador universitario

SANTA FE - ARGENTINA

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jueves, 14 de abril de 2011

EL SABER NO OCUPA LUGAR? EDUCACION PARA TODOS

Esto es otro ejemplo más de cómo el sistema está haciendo agua por todos lados. La reproducción de burros en Argentina es alarmante...

La siguiente es una anécdota verídica contada y documentada por una colega, profesora de lengua, con motivo de estar tratando el tema del significado de la lectura y el poco dominio de la misma que tienen nuestros alumnos. Me pareció que no tiene desperdicio porque es habitual escuchar disparates en los exámenes y se nos hace muy difícil detectar el origen de los mismos, que muchas veces atribuimos a los mundialmente famosos "apuntes fantasmas", pero que, por lo que sigue, puede apreciarse que tiene causas más graves:
En una escuela secundaria, los profesores estaban tomando exámenes de Historia, en un caluroso día de diciembre… En medio de su lección, un alumno afirmó que “en Francia, San Martín tuvo una amante llamada Logia Lautaro”; y luego hubo otra alumna que, en la misma mesa, aseguró que “El Papa excomulgó a Lutero porque no quiso sacarse una foto con él”.
Accidentalmente, se encontraba completando el tribunal la profesora de Lengua, quien, en medio del revuelo, medió en el asunto pidiéndoles a los alumnos que mostrasen el lugar del libro de texto donde decía lo que ellos afirmaban. Cada uno de los chicos encontró rápidamente la página y hasta la oración en cuestión. Transcribo abajo textualmente las palabras de los libros (que la mañosa y fascinada profe de Lengua se apuró a copiar y atesorar en su libretita azul), para que se comparen con las afirmaciones de los chicos y aparezca claramente el problema:

En Francia, San Martín tuvo una amante llamada Logia Lautaro. La frase del libro decía: “En Francia, San Martín tuvo relaciones con la Logia Lautaro”.

El Papa excomulgó a Lutero porque no quiso sacarse una foto con él. La frase del libro decía: “El Papa excomulgó a Lutero, porque se negó a retractarse ante él”.

Prof. Santiago Calero
Especialista en Pedagogía
Bahía Blanca
Argentina

miércoles, 13 de abril de 2011

Justicia para erizos. Una conversación filosófica con Ronald Dworkin

10/04/11

Stuart Jeffries conversó con Ronald Dworkin, uno de los más grandes iusfilósofos vivos, a propósito de su último libro, Justice for Hedgehogs.

Ronald Dworkin se maravilla viendo tocar el piano a su amigo Alfred Brendel. Y se pregunta: "¿Por qué toca como toca? Cuando toca una gran sonata, por ejemplo, debe de pensar que su interpretación es mejor que otras interpretaciones; si no, no tocaría como toca, ¿no es cierto?".

Estamos tomando café en el amplio salón, sobriamente moderno, de su casa de cuatro plantas en Belgravia. Dworkin, que no sólo es profesor de filosofía del derecho en la New York University, sino también Jeremy Bentham Professor of Jurisprudence en el University College London, y uno de los más grandes juristas académicos de la era de la postguerra, posee otras casas –en Nueva York y en Martha's Vineyard—, pero esta es la más grande. Se reclina suave, donosamente en su sillón gris.

Sonríe mientras me asalta con preguntas y respuestas que me dejan desarmado. "¿Por qué cree [el pianista Brendel] que su interpretación es mejor que las otras? Tiene que pensar que es mejor, y la cuestión es por qué. No es porque lo que él toca sea más hermoso que cualquier otra cosa que él mismo pudiera tocar. Porque, si a lo que aspirara fuera a la belleza, podría desviarse de lo que escribió el compositor. En cambio, se atiene fielmente a la partitura. Y sin embargo, no se limita a tocar la música del compositor, sino que la interpreta."

Farfullo algo fatuo sobre lo que me gustan las interpretaciones que hace Brendel de las últimas sonatas de piano de Schubert. Sólo luego me percato de que debería haber citado lo que escribió Dworkin sobre T.S. Eliot en su último libro Justice for Hedgehogs. Eliot dijo que los poetas no pueden escribir poesía sino como parte de una tradición que ellos interpretan, y por lo mismo, reconfiguran retrospectivamente. Y debería haber añadido entonces que eso es verdad para todos los intérpretes: poetas, pintores, tal vez incluso para profesores con dos amedrentantes cargos académicos. Pero no lo hice.

Sino que me dejé llevar por ideas que no estaban a la altura. ¿Por qué habla Dworkin de Brendel? Después de todo, un artículo que leí mientras preparaba esta entrevista hablaba sobre Dworkin y Brendel. "Estas inteligencias gigantes están entreveradas en un cuarteto apasionante y enternecedor. Irene, la esposa de Brendel de 31 años, sale con el Profesor Dworkin. Para no ser menos, Moravian, Brendel de nacimiento, encontró con 75 años holgura y solaz en una mujer italiana de unos cuarenta y tantos llamada María. ¿Un titular para el Daily Mail?: "Extraño cuarteto para Brendel". Dejemos de lado la moralina del Daily Mail: si Dworkin continúa siendo amigo de Brendel mientras confiesa que Irene es su "vieja e íntima compañera", entonces bien está, para él y para todos los involucrados.

Estuvimos dos horas conversando sobre política fiscal estadounidense, sobre matrimonio homosexual y sobre el derecho al aborto. Al escucharlo, uno se siente como un hombre a punto de ahogarse y que inopinadamente vislumbrara un barco través de la niebla, a sabiendas de que nunca logrará acercarse lo bastante como para abordarlo. Más o menos así me sentí cuando leí Justice for Hedgehogs: el profesor de una filosofía grandiosa reflexiona a los 79 años, tal vez en su fase final, sobre qué es la verdad, qué significa la vida, qué precisa la moral y qué exige la justicia.

El asunto de cómo toca el piano Brendel no anda lejos de todo eso. El libro de Dworkin insiste en que historiadores, artistas, juristas, críticos y filósofos, todos ellos, quieran que no, están comprometidos con la interpretación. Cuando haces un juicio moral o político, pongamos por caso, sobre el matrimonio homosexual, estás formulando una interpretación.

Pero hay aquí un giro que hace polémico su libro. Dworkin insiste en que muchas interpretaciones son verdaderas o falsas. Es verdad que sería tonto decir que cuando Brerndel ejecuta el andante de la Sonata de Schubert en A mayor, encuentra la única interpretación verdadera; lo correcto sería decir que su objetivo es interpretarla mejor que nadie. Pero el juez que interpreta una ley del pasado no sólo intenta interpretarla correctamente, sino que su juicio es o verdadero o falso. O al menos eso es lo que sostiene Dworkin.

¿Por qué importa esta afirmación ? "Bueno, por ejemplo, si yo digo que el aborto es malo, creo que lo que digo es cierto, y no que es una opinión tan legítima como otras. Odio que la gente diga: "Está bien que los homosexuales contraigan matrimonio, aunque ésta es sencillamente mi opinión". "Tu puedes pensar que es exactamente tu opinión, o puedes no sostenerla" Imagínate a un juez que acaba de sentenciar a un hombre a cadena perpetua diciendo: "Otros jueces podrían verlo de manera diferente y ellos tienen derecho a expresar sus opiniones". ¿Quién podría decir tal cosa de manera razonable?

Y sin embargo, cuando Dworkin –un graduado de Harvard y Oxford nacido en Rhode Island, otrora empleado en New York del maravilloso juez Learned Hand— comenzó a enseñar en las Facultades de Derecho en 1950, se encontró con muchas personas dispuestas a decir cosas así. "Estaba de moda decir que no había una respuesta correcta para las cuestiones jurídicas. Pero si tu dices que no hay una respuesta correcta al interpretar una ley, y estás hablando de justicia, entonces verdaderamente no estás tocando los problemas que importan. Muchos intelectuales piensan efectivamente que los juicios morales o jurídicos son simplemente expresiones emotivas sin base cognitiva. Freddie Ayer argumentaba que los juicios morales son simplemente gruñidos de aprobación o desaprobación."

Hay dos cosas que hacen plausible la tesis del gruñido: dios y la ciencia. Dios, arguye Dworkin, nos dicta leyes morales, de cuya verdad él mismo es garantía. Pero el desarrollo de la ciencia, argumenta, trae consigo el escepticismo sobre la existencia de dios, y por lo mismo, la duda de que pueda ser garantía de veracidad de nuestros valores. Los métodos de la ciencia también socavan nuestras creencias en valores objetivos. "La idea es que no estamos autorizados a pensar que nuestras convicciones morales son verdaderas, a menos que lo exija la razón pura o sean producto de algo que hay en el mundo". En su libro, Dworkin llama a eso "el Gibraltar de todos los peñones mentales". Dworkin piensa que debemos vencerlo. Sin embargo, las reglas de Gibraltar tutelan las olas de la filosofía: un número reciente de Philosophy Now está dedicado a la muerte de la moralidad. Si los juicios morales no pueden ser verdaderos, ¿para qué los necesitamos?

Cuando hace 30 años comencé a estudiar filosofía, mi libro de texto para el grado presentaba como naturales el relativismo y el escepticismo morales. El texto se llamaba Ethics: Inventing Right and Wrong, de John L. Mackie, y comenzaba así: "no hay valores objetivos". Sugería Mackie que los conflictos de valores revelan que éstos no pueden ser verdaderos (yo apoyo el matrimonio homosexual, mientras tú, monstruo, piensas que es una desgracia.)

A fines de los 70, Dworkin solía discutir con Mackie en el University College de Oxford. Me dice: "Mi respuesta a John, antes como ahora, es que su escepticismo es autonulificatorio. Cuando Mackie dice: "Todas las proposiciones morales son falsas", ésa es una proposición moral que es falsa, si la proposición "Todas las proposiciones morales son falsas" es verdadera, que no lo es. ¡Ajajá!, una versión de la paradoja cretense del mentiroso, aquel Doctor que usaba construir robots inteligentes que cortocircuitaban y explotaban.Por desgracia Mackie murió en 1981, y no sigue entre nosotros para replicar.

Pero, si los valores morales objetivos no están en el mundo, ¿dónde se esconden? Lo que Dworkin nos viene a decir en su libro es cuándo podemos pensar de manera justificada que algunos juicios de valor son verdaderos, y es a saber: "cuando podemos pensar justificadamente que nuestros argumentos para sustentar su verdad son argumentos adecuados". Mas ¿no resulta eso circular? Sí, pero Dworkin arguye que es circular en el buen y no en el mal sentido.

Estupendo. ¿Y a qué sorprenderse, si a fin de cuentas el libro se intitula Justicie for Hedgehogs (Justicia para erizos)? El título hace referencia a una distinción del filósofo político liberal Isaiah Berlin entre erizos y zorros, fundada en una antigua parábola griega. El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una cosa estupenda. Dworkin es un erizo. "El erizo es una imagen antipluralista. Pluralista era el pensamiento popularizado por Isaiah Berlin, conforme al cual hay verdades, pero están en conflicto. Yo creo que eso es falso. Las verdades en el dominio de los valores no son más conflictivas que las verdades científicas."

No es ésta la primera vez que Dworkin escribe apelando a la atractiva vida salvaje. En una ocasión escribió un artículo intitulado "Algunas cebras rosas", preguntándose si algo que podemos imaginar pero no existe puede ser tan real como algo que existe. Justicia para erizos tiene un aire similar de discusión sobre el número de ángeles que pueden bailar simultáneamente sobre la punta de un alfiler; pero su horizonte es más amplio.

Dworkin construye un detallado sistema axiológico –que abarca la democracia, la justicia, la obligación política, la moralidad, la libertad y la igualdad—, a partir de sus propios conceptos de dignidad y autorrespeto. Tampoco aquí se muestra Dworkin afín al espíritu de la época. "El grueso de la filosofía actual está sumergida en la autorrenuncia. La mía, en cambio, comienza con la autoafirmación, que fue popular entre los griegos como Aristóteles y Platón, pero no lo es ahora. En nuestros días, la moral se percibe como autosacrificio. Yo trato de mostrar por qué es eso falso."

¿Por qué importa la autoafirmación? "Tenemos la responsabilidad de vivir bien. Nuestro reto es obrar como si nos respetáramos a nosotros mismos. No basta con disfrutar de nosotros mismos. " ¿Pero acaso no choca la autoafirmación con nuestros deberes morales para con los demás? "No. Nuestro primer desafío es vivir bien –eso es la ética—, e indagar luego cómo ese desafío se vincula con lo que debemos a otras personas, que eso es la moralidad. La conexión es por partida doble. Por un lado está el respeto por la importancia de la vida de otras personas. Por el otro, la igual preocupación por sus vidas."

Imaginad que estáis en un bote salvavidas y tenéis que decidir cuál de dos niños hay que arrojar por la borda, destinado a morir. Si sois utilitaristas y creéis que lo que importa en moral es maximizar la felicidad del mayor número, entonces no tendréis que preocuparos si el niño que va a morir es vuestro hijo o el otro. El sistema dworkiniano, en cambio, afirma que estaréis justificados si a quién salváis es a vuestro hijo. ¿Por qué?. "¡Porque es mi hijo! Porque es una parte de lo que para mí significa vivir. Es parte de mi vida, ante la cual soy responsable." Esperemos que sus dos hijos gemelos, Anthony y Jennifer, siempre hayan encontrado tranquilizadora esa parte de la filosofía de su papi.

"Ese tipo del parcialidad no puede funcionar en política: usted no puede eximir a alguien de pagar impuestos porque es su hijo. Pero en el ámbito moral funciona: se puede salvar a alguien porque es mi hijo, mientras, al mismo tiempo, se respetan las vidas de otras personas. Cada persona tiene que tomar en serio su propia vida: debe pensar que es importante que su vida tenga un rendimiento positivo, en vez de verla convertida en una oportunidad desperdiciada. Estoy hablando de dignidad. Es un término del cual abusan los políticos, pero una teoría moral que quiera hacerse respetar debe avanzar a partir de ese concepto."

Sus opiniones éticas tienen un sabor especial, precisamente por centrarse en el concepto de dignidad. En sus escritos tempranos, Dworkin no descartaba la posibilidad de que para un niño que nace con una incapacidad horrible, o para alguien condenado a un estado vegetativo persistente, fuera mejor terminar: una vida sin dignidad no vale la pena. En el libro que estamos comentando reflexiona sobre el aborto con la noción de dignidad en la cabeza. Dworkin cree que "en muchas circunstancias, el aborto es un acto de autodesprecio". "Una mujer traiciona su propia dignidad cuando aborta por motivos frívolos: para evitar tener que reprogramar una fiesta, por ejemplo. Pero en otros casos yo juzgaría de manera harto distinta: por ejemplo, cuando las perspectivas de vida decente para una adolescente se vieran truncadas si se convirtiera en una madre soltera. Si el juicio es verdadero o falso en un caso particular, sigue siendo un juicio ético y no uno moral. La decisión debe dejarse en manos de la mujer, en la medida en que la dignidad exige que todos se hagan responsables de sus propias convicciones éticas." "¿Qué podemos decir del feto?" "Dado que un feto en los primeros meses de gestación no tiene intereses propios –no más que una flor—, no hay porqué suponer que tiene derechos que protejan sus intereses."

Esta misma perspectiva lo lleva a argumentar que hoy, en muchos países, los impuestos son injustos, y no porque retengan demasiado, sino demasiado poco. "Hoy, en los EEUU, muchos estados se quedan sin dinero para hacer las cosas que hacen. Tienen que sostener las fuerzas policiales, los cuarteles de bomberos y la mayor parte de las cosas que hacen para salvaguardar a las personas de una muerte indigna." Dworkin toma prestada de Kant la preocupación por la dignidad que debemos a los otros: la idea de que no es posible el autorrespeto, a menos que tratemos objetivamente bien a las otras personas. "Y eso no pasa en EEUU."

El argumento de que los impuestos deberían elevarse –sin duda especialmente impopular en esta era de la austeridad – apunta de manera directa a los norteamericanos de clase media. "En mi país solíamos tener un triángulo, con los pobres en la línea inferior. Ahora tenemos un rombo –las clases medias son más numerosas, hay desprecio por los que están por debajo, lo que se expresa en una falta de disposición a tolerar aumentos de impuestos, cosa que socava la libertad de todos."

Al final del libro, escribe Dworkin: "Sin dignidad, nuestras vidas duran a lo sumo lo que un pestañeo. Pero si nos las arreglamos bien en punto a llevar una buena vida, entonces creamos algo más. Escribimos una nota al pie de nuestra mortalidad. Hacemos de nuestras vidas diminutos diamantes obsequiados a las arenas cósmicas."

¿Logró Dworkin convertirse en un diminuto diamante en las arenas cósmicas? Su deslumbrante carrera intelectual; sus 42 años de matrimonio con Betsy Ross, la hermosa hija de un rico neoyorquino fallecida en el año 2000; su consuelo romántico en el invierno de la vida; su agudeza y curiosidad por los argumentos, todavía imponentemente amedrentantes, como tuve ocasión de experimentar en carne propia.

Lo que Dworkin dice a modo de respuesta me hace notar que debo poner fin a la partida. "He intentado ser responsable de mis decisiones y tener una vida auténtica. Cuando yo era un abogado de Wall Street, descubrí que no deseaba esa vida. Entonces fui e hice lo que más me satisfacía: pensar, argumentar sobre cosas difíciles, importantes y gratificantes. He tratado de hacerlo bien. No puedo decir si he tenido éxito."

Ronald Dworkin, uno de los más grandes iusfilósofos de nuestro tiempo, es profesor en las universidades de Oxford y Nueva York. Su último libro (Justicia para erizos) es, entre otras cosas, un ataque demoledor al relativismo filosófico-moral del popular ensayista y político liberal Isaiah Berlin.

Traducción para www.sinpermiso.info: María Julia Bertomeu

martes, 12 de abril de 2011

LA ARGENTINA DE HOY, EL DEBER DE PENSAR Y ACTUAR UN PAÌS

No escapa a ningún argentino bien nacido, que tenemos que pensar, planificar y actuar un país, dejando de lado, entre otras cosas, el narcicismo nefasto de pensar que no hace falta trabajar porque esta tierra, y por ende nosotros, somos bendecidos “ad eternum” con ventajas naturales otorgadas divinamente, que son sucedáneas del trabajo.-

Por el contrario, los argentinos, tenemos la posibilidad de hacer un gran país, en el que se dignifique el trabajo, se premie el éxito (no se lo denuncie y judicialice como ahora), donde los roles sociales sean definidos con una amplia movilidad, con aquella igualdad de oportunidades que hizo que el hijo de un peón viñatero sea nada más ni nada menos que JOAQUIN VICTOR GONZALEZ, por citar solo un ejemplo.-

Un país en donde las escuelas y las Universidades nivelen para arriba, no que prohíjen un facilismo que deteriora la cultura y sean, como muchas lo son, simplemente editoras de títulos o prohijadoras de profesionales sin trabajo (y muchas veces sin el nivel minimo).-

Pero claro, eso no se consigue sin esfuerzo, sin aplicar la creatividad para producir lo que el mundo requiere, para mejorar la calidad de vida, para consolidar la seguridad jurídica y erradicar o minimizar el estado de zozobra que produce la inseguridad ciudadana.

También exige el buen uso del lenguaje, de las definiciones, es decir que: el “ladrón” es “ladrón” robe de donde robare (escritorio, punguista, asaltante o funcionario), no convertirlo en un ejemplo a seguir, del que estamos hartos muchos argentinos.- Acaso nos olvidamos de que cuando un funcionario nos asalta se los define como “un vivo bárbaro”, o la prensa amarilla lo tilda “de empresario exitoso” o funcionario “brillante”.

Se deben acabar los carteles (pancartas, pasacalles y otras yerbas) que den gracias a un gobernante por alguna obra, pues es el deber y tarea de ese GOBERNANTE el administrar el estado que lo conforman las libertades, obligaciones y bienes de todos.

Resulta insultante que en cada obra que se hace (o se deshace) encontremos carteles que dejen debida constancia sobre quien la ordenó (quien la paga somos nosotros) y se consigne “ADMINISTRACION FULANO o MENGANO”, repito es obligación de quien ejerce una función publica, electiva o no, NO ES UNA DADIVA NI SU COSTO ( de la obra) SALE DE SU BOLSILLO.- De la misma forma resulta insultante que se obligue a las reparticiones a colocar una foto del bobernador, (salvo honrosas excepciones) perdón gobernador de turno o pongan su foto luciendo trajes de marca, relojes de alta gama, joyas costosas, etc. en los libros de texto que se reparten a los niños en las escuelas públicas.-

Se debe combatir el sistema de gobernar por “alguna prensa” haciéndonos creer que vivimos en Disneylandia, ya sea por estar aliados con Evo Morales y con el energúmeno de Chávez, o tomar como ejemplo al Dictador (por ser suave) de Fidel Castro.-

Hasta donde admitiremos ser gobernados por aquellos que fueron los apóstoles de la violencia, y, entre ellos y los militares (no se cual de los dos es o fue peor) sumieron al pueblo en un imperio del terror, no solo hacia unos sino hacia los otros también. Pero hoy se disfrazan de corderos aquellos que se levantaron en contra de un gobierno constitucional y generaron con ello el golpe de estado, que castigo a los argentinos y les sirve para vivir cobrando indemnizaciones, que el pueblo paga con sus impuestos. En otras palabras se premia a quienes violaron la ley, por el simple motivo de haberlo hecho “en el nombre del pueblo” (nunca fueron electos para nada, y la Constitución Nacional castiga a los que se atribuyan la representación del pueblo art. 22). O esto no paso, los que lo vivimos sabemos que sí.

Hasta cuándo vamos a soportar a los “periodistas de opinión”, ya que no sabemos quién o quienes les han hecho creer que son infalibles y que su voz es un oráculo indiscutible, cuando saltan de un político a otro con la facilidad con que respiran.

No debemos soportar la presión sobre la justicia, de ningún grupo o gobierno, por cuanto la justicia es (debe ser) en un Estado de Derecho (¿lo somos?) el refugio de los ciudadanos y no el juguete de la venganza o la noticia barata de los noticieros.

Ni las vacas son sagradas, ni el chancho es afrodisiaco, ni la Argentina es el cuerno de la abundancia, ni la amplificación de las necedades las convierte en verdades absolutas, por el contrario. Para probar esto podemos citar algunos ejemplos de acá, de la vuelta de la esquina, y de la otra cuadra: mientras nosotros nos debatimos en la mediocridad y la revancha, el Brasil de LULA, nos ha sacado años luz de ventaja, Uruguay vende más carne que nosotros, y encima PEPE MUGICA, ha demostrado ser un VERDADERO ESTADISTA y no un guerrillero fracasado llorando su triste pasado y persiguiendo fantasmas en su ropero.

En 1939 el filósofo español José Ortega y Gasset nos dio un fraternal consejo que ha pasado a la historia y sin embargo nos cuesta aplicar: "¡Argentinos, a las cosas!", pero parece que todavía andamos buscando las cosas y debatiéndonos en las nubes de Úbeda, sin un rumbo fijo y anclados en la creencia de líderes paternalistas (o maternalitas) que solucionaran las cosas por arte de birlibirloque.

YA basta, nos pongamos firmes de una buena vez, pensemos, planifiquemos y construyamos un país para todos los hombres de buena voluntad, consolidemos la paz interior, afiancemos la justicia, aseguremos la libertad y el bienestar general, pero con hechos y no con el simple recitado del preámbulo (eso ya lo vivimos y así nos fue), solo de esa manera habremos cumplido el mandato de la historia, CLARO SI ES QUE TENEMOS ALGUN MANDATO.

Juan Carlos Pagotto

Abril de 2011

lunes, 11 de abril de 2011

SI, LLORO POR TI ARGENTINA

(30 de Octubre de 2010)

Durísimo artículo de Mario Vargas Llosa

Argentina, un país que era democrático cuando tres partes de Europa no lo eran, un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados.

El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo. Ese país que era un país de vanguardia

¿Como puede ser que séa el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó? ¿Alguien lo invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?.

No, los argentinos se hicieron eso ellos mismos. Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones.

Eso es. El peronismo es elegir el error, es el partido de los resentidos más aberrantes, llenos de odio, de rencores viscerales, fascistas, enfermos de  rabia inexplicable hacia todo lo bueno que sea diferente a su manera radical y fanática de ver las cosas, son por lo general incultos, ignorantes, mediocres de mediocres!. El peronismo es perseverar en el error a pesar de manera masoquista, enfermiza, en las catástrofes que se le han ido sucediendo en la historia moderna del país.

¿Como se entiende eso? Un país con gentes cultas, absolutamente privilegiado, una minoría de habitantes en un enorme territorio que concentra todos los recursos naturales. ¿Por qué no son el primer país de la Tierra? ¿Por qué no tienen el mismo nivel de vida que Suecia, que Suiza?.

Porque los argentinos no han querido. Han querido en cambio ser pobres.

Seguir a "caudillos" de pacotilla, "salvadores" de porquería, locos, desquiciados por su mismo odio a todo lo que sea diferente a su locura. Han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo mas espantoso.

Hay en esto una responsabilidad del pueblo argentino.

Para mí es espantoso lo que ha ocurrido en Argentina. La primera vez que fui allí quedé maravillado. Un país de clases medias, donde no había pobres en el sentido latinoamericano de la pobreza. ¿Cómo pudo llegar a la presidencia una pareja tan diabólica, manipuladora, populistas en grado extremo, corruptos de calle como los Kirchner gobernando ese país?. Al menos ya uno no está!. Esperemos que la que queda no pueda seguir hundiendo a ese otrora gran país argentino!.

Sin embargo, a juzgar por sus diabólicas relaciones estrechísimas con el desquiciado, paria, bestia troglodita, de la extinta y queridísima República de Venezuela, todo parece indicar que ahora "Cristinita" se apegará aún más a ese escoria, aprendiz de dictadorzuelo, quien ya bastante le ha financiado su mandato a costa del noble pero incomprensiblemente inerte pueblo Venezolano. ¡Qué degradación política, qué degradación intelectual!

Argentina y Venezuela, dos países extraordinarios vueltos pedazos por una sarta de demoniacos desquiciados!!!

Por eso me pregunto ¿Cómo es eso posible?

Mario Vargas Llosa

(Madrid , 30 de Octubre del 2010)

A pesar de admirar al gran escritor peruano, debo disentir con él, este gobierno de Kirchner y su seguidilla, no tiene nada que ver con Perón y si mucho con el Estalinismo.-  Por ejemplo, de la misma manera que el genocida Fidel Castro, se jubila a las manzaneras, algo que nunca estuvo ni cerca de la doctrina de Perón.-

Se premia la vagancia, y el piquete es el modo de vida que eligieron para muchos de los argentinos, los planes sociales, lejos de fomentar la productividad y la educación han creado un clientelismo político nunca visto, a ello debemos sumar las expresiones de la filosofa Hebe de Bonafini, que glorifica la experiencia de la guerrilla violenta, que dio pie a dictaduras sangrientas, en un proceso sin fin, donde el pueblo fue un espectador castigado y expoliado.-

Pero es cierto por tanto repetir, que aquel viejo dicho que se utiliza para consuelo, sobre que “CADA PUEBLO TIENE EL GOBIERNO QUE SE MERECE”,  haya sido debidamente reformulado  por 2 CADA PUEBLO TIENE EL GOBIERNO QUE SE LE PARECE”.-

Hasta que no aprendamos que el éxito se premia y no se castiga, que la mediocridad es mediocridad, cualquiera sea la ideología con la que se disfrace, que el ladrón es ladrón y no un vivo; que el trabajo debe premiarse y no castigarse; que los funcionarios son servidores públicos y no servirse del publico, no habrá país.-

La Rioja. 11/04/2011

domingo, 10 de abril de 2011

¡¡¡¡ PREMIO PARA EL QUE REPITE DE GRADO!!!!

Enviado por el propietario del Cablevideo de Bella Vista - Corrientes
Soy el propietario del Cablevideo de la localidad de Bella Vista y es mi costumbre visitar las escuelas de zonas carenciadas para instalar en forma gratuita el servicio de cable a quienes acepten mi ofrecimiento.

Lo que abajo cuento es exactamente tal como sucedió.
El lugar: la ciudad de Bella Vista, provincia de Corrientes.
Despacho de la directora de una escuela, donde me encontraba hablando con ella.
De repente, entra sin llamar una señora muy ofuscada, de unos cuarenta años, y voz en cuello increpa a la directora:
- Y usted quién se cree que es, eh? No tiene derecho a hacer lo que hizo, con el perjuicio que eso me causó!
- ¿qué hice? le pregunta la directora.
- Usted sabe bien qué hizo, dejó que mi hijo Roberto pase de grado. Si usted sabía que tenía que repetir!
- Señora, su hijo pasó porque ya había repetido antes y porque consideramos que, mínimamente tenía las condiciones para avanzar.
- Claro, pero ahora usted me deja a mí sin la plata que me tenían que dar!
- Pero es su hijo, y debería ser una buena noticia que pasara de curso…
- A mi no me venga con esos cuentos, ya me hicieron pasar a dos y me quedan dos nomás, no tienen idea de lo que me hicieron!

Sin buscar entender razones, sale del despacho sumamente ofuscada.

Con cara de resignación, la docente se dirige hacia mi, quien intentaba entender lo que ocurría: “no es tan difícil de entender, el Ministerio de Educación ahora entrega un subsidio que denomina beca para retención de alumnos a las familias de aquellos chicos que repiten el curso. Se supone que es para evitar la deserción escolar. Pero bueno, con tanta pobreza, las familias han descubierto que cuantos más hijos tengan que repitan, obtienen más dinero.

Esta señora tiene cuatro chicos en la escuela, y al no repetir dos de ellos por segunda vez, ha perdido de percibir 380 pesos mensualmente por cada uno de ellos.
La miré en silencio, estupefacto y ella con la mirada perdida y embargada en una profunda tristeza, concluyó señalando:

¿pero sabe, señor? El problema más difícil no es enfrentar la furia de los padres, lo más doloroso y difícil es no poder explicar a los chicos que sí estudian y que sí se esfuerzan, que su mérito no se paga siendo muchos de ellos tan pobres como los otros.

Dígame,

¿Qué valores puedo transmitir así?
¿Qué están haciendo con el futuro de la República Argentina ? ¡¡¡ por Dios!!!

Esto es verdad.

Ante mi incredulidad, la directora de la escuela me mostró las circulares enviadas desde el Ministerio de Educación de la Nación.

Muchas docentes de esa escuela ya habían recibido golpes de los padres por HABER PROMOVIDO A SUS HIJOS AL GRADO SIGUIENTE.

viernes, 8 de abril de 2011

Osadías del lenguaje

6 de Abril de 2011 | 2:05 pm

 

José Pablo Feinmann, Editorial Planeta, y yo, Jorge Asís.

Osadías del lenguajePlaneta, editorial que publicó mis últimos cuatro libros, cultiva también el género de la sobonería. Distribuye, en abril, “El Flaco”. Es el panegírico empalagoso de José Pablo Feinmann, dedicado al extinto presidente Néstor Kirchner.
Se reproduce, a continuación, un párrafo de la página 29.
Alude a la noche del triunfo de Menem, en la primera vuelta de las elecciones del 2003:

Osadías del lenguaje

Cuatro puntos

1.- Que desde el kirchnerismo, en el 2011, aún se identifique al menemismo con la corrupción, constituye, ante todo, una osadía del lenguaje.
Por la capacidad del Sistema Recaudatorio de Acumulación, implementado por El Flaco -o sea por el kirchnerismo-, hoy se reduce, a los emblemáticos irregulares del menemismo, a la categoría de carteristas del colectivo 60. O motochorros.

2.- En lo personal, y para ser rigurosos, no estuve en la reunión del hotel de la referencia. El Hotel Presidente. Me abstuve de participar en la campaña del 2003.
(Duhalde ya lo había vencido a Menem en el Congreso Justicialista de Lanús. Cuando autorizó las tres candidaturas peronistas. De Menem, Adolfo Rodríguez Saa, y de El Flaco, de la sobonería de Feinmann, que era el pollo de Duhalde).

Osadías del lenguaje3.- “Prefiero almorzar con Al Kassar y no con Verbitsky”.
Es cierto. Lo ratifico. La osadía del lenguaje me pertenece.
La declaración se debió a una antigua revelación de Horacio Verbitsky, en la (actual) Secretaría de Estado de Página 12, donde milita Feinmann.
Verbitsky contó que, cuando pasaba por París, donde yo era embajador ante la Unesco, Al Kassar solía visitarme.
Información extrañamente inexacta de Verbitsky, ideólogo fundamental del cristinismo contemporáneo.
Con “Muntser” -o sea con Al Kassar- comí sólo una vez. Pero fue en Buenos Aires, en una parrilla de San Telmo. Con otro Flaco, pero superior, un paisano amigo.

4.- Resulta inexplicable el resentimiento que tiene Feinmann para conmigo. Me incluye en la osada lista de los que “van a saquear de nuevo”.
De manera que Feinmann -e infortunadamente también Editorial Planeta- tendrá que demostrar que yo, Jorge Asís, soy un saqueador. Sin osadías del lenguaje, un corrupto.
Los espero.

martes, 5 de abril de 2011

A PROPÓSITO DE JAPÓN: “NUCLEAR???, …NO GRACIAS”

Visto lo que ha pasado en Japón, uno no puede dejar de dolerse y expresar sus condolencias por las penurias y calamidades por las que está atravesando el pueblo de esa Nación.

Primero la furia implacable de las fuerzas naturales, expresadas en un terremoto categoría 9 en la escala de Richter, con sus réplicas de nunca acabar y también las inundaciones sufridas como consecuencia del tsunami.

Miles de vidas perdidas, heridos, desapariciones y destrucciones por doquier, superan cualquier capacidad de asimilación, sin perjuicio de reconocer las aptitudes del pueblo japonés para sobreponerse a sus desgracias.

Como si todo ello no fuera suficiente, hoy se yergue sobre ese país, devastado por fuerzas naturales incontrolables, una espada de Damocles, de difícil pronóstico sobre sus consecuencias futuras, cual es la posibilidad de un cataclismo nuclear.

Muchas veces el hombre, por esa soberbia que nos caracteriza, de amos y dominadores del entorno, jugamos a ser dioses y desatamos fuerzas que no conocemos en su plenitud y que difícilmente podamos controlar en su integridad.

Abrimos cajas de Pandora de donde salen los jinetes del Apocalipsis que ponen en serio riesgo el destino común y que hacen realidad el dicho: “El camino del infierno está poblado de buenas intenciones.

A través de mis años de militancia ambiental y en defensa de la vida, y a riesgo de equivocarme, desde siempre he tenido, cuando menos, reservas o desconfianza hacia el desarrollo atómico, ya sea belicista o para la producción energética.

La capacidad de aniquilamiento de la vida y el entorno de esta tecnología, sin ser la más destructiva, es bien conocida.

Hiroshima, Nagasaky, Chernobyl y otros ejemplos, son fieles y dolorosos testimonios de la locura, la irracionalidad y la ambición humana.

Estoy convencido que la matriz y la tecnología nuclear son peligrosas en toda su génesis y desarrollo, desde la cuna a la tumba, los riesgos comienzan con la extracción de los minerales radiactivos del seno de la tierra, agravado por su traslado, procesamiento y uso, ya sea en la generación nucleoeléctrica o en armas de destrucción masiva.

Sin contar los residuos, que mantienen en algunos casos, su nivel de contingencia por años, décadas, siglos o milenios.

Todas las etapas del mencionado proceso, entrañan una cuota de inseguridad o amenaza, lo que se agrava por los errores e impericias humanas, pero también por la interacción de fenómenos impredecibles e imprevisibles, como lo ocurrido en Japón.

Parece que algunos no pueden, por egoísmo, ambición, lucro o lo que fuera, dejar de jugar con cosas que no tienen reparación o repuestos.

Cuando el ciclo vital de las personas o de la naturaleza se interrumpe por la violencia de estas prácticas, la posibilidad de remediación es escasa o nula y las secuelas se sienten por años y las sufren los sectores más débiles de la población o los que menos defensas tienen a su alcance.

Mientras escribo estas Aguafuertes, tengo en mis manos un libro, cuyo título, no sé, si entraña una paradoja o es un exceso de cinismo.

El título de esta apología total de la tecnología atómica, es: “ENERGÍA NUCLEAR: EL FUTURO DE LA ECOLOGÍA ”, y me lo obsequió un dirigente gremial de la asociación de técnicos y profesionales de la CNEA , con quién mantengo una fraternal disputa en torno a este tema.

En la portada del mismo, se encuentra en campo abierto, un pintor con su caballete y su paleta de colores, pintando una naturaleza viva o muerta, según como se mire.

El motivo del cuadro es una central nuclear, que el artista reproduce, casi como una maceta de flores, queriendo significar una alegoría en consonancia con el título de la obra.

En su dedicatoria dice: “Este libro es dedicado a los ecologistas auténticos”, de lo cual debo inferir, que todos aquellos que tenemos una visión crítica de lo nuclear, somos ecologistas truchos, casi trogloditas que nos oponemos al progreso y al desarrollo.

Todo se justifica en nombre del siempre bien ponderado progreso, aunque el mismo sea susceptible de arrasar la vida.

La contratapa de la obra, dice: “La energía nuclear deber ser ponderada como una energía limpia, absolutamente necesaria para la protección de nuestro medio ambiente, por que es la única forma de energía que puede hacer posible el desarrollo de los países pobres, respetando el medio ambiente, reduciendo la polución y el problema del calentamiento global”.

Entre sus páginas, también podemos leer las siguientes perlitas: “Los riesgos de la energía nuclear civil o militar casi siempre han sido exagerados en la imaginación del público, incluyendo a los periodistas”…”el riesgo real para el público es probablemente considerablemente menor de lo que usted teme”. “Un severo accidente en una central nuclear bien construida, por más improbable que pueda ser, tendría muy limitadas consecuencias”.

Hiroshima o Chernobyl son producto de la imaginación febril de la gente y de los periodistas malintencionados.

Cómo era ese dicho, “a seguro se lo llevaron preso”?

Después del nivel de confianza ingenua o interesada, demostrada por el autor, decir que la radioactividad puede generar cáncer, alteraciones genéticas, mutaciones y afecciones de todo tipo, casi como que está de más o es una irreverencia.

Es mi mente calenturienta la que me hace ver espejismos de destrucción, contaminaciones intolerables, ambientes arrasados, ecosistemas destruidos y desolación por doquier.

Para que no se quede con las ganas, le digo quién es autor del libro y una breve reseña de sus antecedentes, por si algún día tiene algo para reclamarle: Bruno Comby, ecologista pionero y mundialmente famoso, nació en 1960 y diplomado con el alto grado de Ingeniería Nuclear de la Universidad Nacional de Tecnología Avanzada de París. Es el fundador y presidente de la Asociación Internacional de Ambientalistas Por la Energía Nuclear , que tiene simpatizantes en 60 países.

Como diría mi abuelo, “hay ecologistas para todo”.

Ojalá que con el correr de los años, Bruno Comby, haya estado acertado en sus pronósticos y diagnósticos, por que eso nos indicará que seguimos estando vivos.

Por lo pronto, la suspensión de los planes nucleares en China, Suiza y Alemania, es cuando menos, un prudente paso adelante en torno a la peligrosidad de esta tecnología.

No quiero dejar pasar la oportunidad, para aclararle, a los que dicen que sin nuevas centrales nucleares el mundo entrará en una crisis energética, que ello es una falacia absoluta. Lo que está en crisis no es la energía, sino el modelo de despilfarro energético y de consumo irracional, para el cual, no hay energía que alcance.

Por último me despido de estas aguafuertes y los dejo para que lo piensen.

Ricardo Luis Mascheroni

Docente e investigador universitario