martes, 25 de enero de 2011

La asombrosa vigencia del tango "Cambalache" Discépolo, un verdadero profeta

Marcos Aguinis
Para LA NACION

Hace 75 años que Enrique Santos Discépolo compuso la letra y música de un tango que hoy merecería ser expuesto como la más acertada descripción de la sociedad argentina. Empieza ubicándonos en el universo al decir: Que el mundo fue y será/ una porquería, ya lo sé./ En el quinientos seis/ y en el dos mil, también./ Que siempre ha habido chorros,/ maquiavelos y estafaos,/ contentos y amargaos,/ barones y dublés .
De inmediato se instala en su propia época, sin imaginar que la traspasaría como una espada al corazón, porque agrega: Pero que el siglo veinte/ es un despliegue/ de maldá insolente,/ ya no hay quien lo niegue./ Vivimos revolcaos en un merengue/ y en el mismo lodo/ todos manoseaos.
Se lanza a una disección despiadada de nuestros vicios, encendido por la inspiración: Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor,/ ignorante, sabio o chorro,/ generoso o estafador./ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ Lo mismo un burro/ que un gran profesor./ No hay aplazaos ni escalafón,/ los ignorantes nos han igualao.
Adquiere las dimensiones de un profeta al señalar hechos que registra la crónica diaria actual, porque nos describe hace 75 años como si estuviese en 2010. Su bisturí es afilado y la indignación lo desborda: Si uno vive en la impostura,/ y otro roba en su ambición,/ da lo mismo que sea cura,/ colchonero, Rey de Bastos,/ caradura o polizón.
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Compara después -y sin rodeos- a la sociedad argentina con los "cambalaches", que el lunfardo ya había convertido en una palabra de poderosa elocuencia. Igual que en la vidriera irrespetuosa/ de los cambalaches/ se ha mezclao la vida,/ y herida por un sable sin remache/ ves llorar la Biblia/ junto a un calefón.
Las prácticas bochornosas de su entorno, la degradación de valores, la confusión de caminos y de conductas, cargan a este poeta de un pesimismo apabullante. Tal vez confía en que su denuncia genial podrá reavivar la ética, orientar hacia el buen camino y restablecer el perdido sentido común. Sus últimas palabras son el remache de un alud. Es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey,/ que el que vive de los otros,/ que el que mata, que el que cura,/ o está fuera de la ley.
Para colmo, la lista de abusos y desaguisados que ensombrecen la vida de los argentinos (con excepción de los que pescan a río revuelto) se derrama como una garúa sucia día a día, hora a hora. No hacen falta investigaciones geniales ni revelaciones que paralicen de asombro. Al contrario, parecemos haber perdido la capacidad de asombro. Como grita Discépolo, ya todo es posible, ¡todo es igual! Y lo aceptamos. En materia de corrupción se ha llegado a niveles jamás vistos, en una suerte de campeonato histórico, porque cada nuevo año y hasta cada nuevo mes supera al que se dejó atrás. Se predica lo opuesto de lo que se hace y se distorsionan los hechos sin el menor signo de pudor. Se modifica la historia como si viviésemos en los tiempos de la estalinista Enciclopedia Soviética , que renovaba sin cesar las versiones del pasado para justificar los abusos del presente. Y cuando deseamos hacer un repaso de todo lo que nos avergüenza, quedamos bloqueados por el exceso de absurdos que enloquecen al pensamiento. La memoria y el razonamiento sufren disfunciones graves, bajo los vientos que producen fuelles sin normas.
Por ejemplo, ni siquiera se habla de las originales "candidaturas testimoniales". Sólo unos pocos reconocen que fue un error. ¡Un error porque no dio los frutos esperados! Pero fue más que eso. Fue un horror. Porque se gastaban ingentes sumas de dinero para promocionar un candidato que no estaba seguro de asumir la función para la cual rogaba ser elegido. Me parece que excede el ridículo para convertirse en burla. Pero esa burla fue aceptada, digerida y hasta escondida en los pliegues del olvido.
Tampoco se mencionan ya los cientos de millones que un enriquecido gobernador de Santa Cruz mandó al extranjero sin rendir una prolija cuenta de su itinerario, sus comisiones, intereses y destino final, como si se tratase de monedas ahorradas con su laburo: el que no afana es un gil . Por lo menos la sociedad, en sus diversos estratos, tiene conciencia de que en la cúpula del poder no hay un par de giles. Se los podría condenar por muchas cosas, menos hacerle una acusación tan injusta, ¿no?
¿Alguno se acuerda del fiscal de Santa Cruz llamado Eduardo Sosa, que fue apartado de sus funciones como procurador general de la provincia por querer investigar qué pasó con esos fondos multimillonarios? La Corte Suprema de Justicia de la Nación, oportunamente en ese caso, ordenó la restitución del doctor Sosa, pero hasta hoy, septiembre de 2010, todavía esa orden no se ha cumplido.
El insigne matrimonio que manipula la Argentina merece el Premio Nobel de Economía por incrementar de forma incomparable su patrimonio personal. Si no ha encontrado la lámpara de Aladino, sería generoso por parte de ellos informar a giles como nosotros de qué manera se hace. Las malas lenguas desparraman por ahí, además, que al viejo sistema de las coimas añadió un método mucho más eficiente o encubridor que consiste en apoderarse de paquetes accionarios. Quizá ya les están sacando apuntes personajes como los que gobiernan Zimbabwe, Myanmar y decenas de otros líderes angelicales. ¡Exportamos tecnología!
La Justicia se esmera por hacer algo. Pero carga con el pecado de haber dejado pasar mucho tiempo, de no haber reaccionado con energía en todas las ocasiones y de no haber hecho saber a esta castigada Nación que vivimos en una República donde los tres poderes tienen igual dignidad y deben controlarse de forma estricta y permanente. Ahora resulta que un joven ministro de Economía se permite mojarle la oreja a la Justicia despotricando impunemente contra los fallos de la Cámara de Apelaciones en lo Comercial, como si fuesen unos chicos descarriados. ¡Qué falta de respeto/ qué atropello a la razón!
Hace poco un distinguido científico de un país que marcha hacia un espectacular desarrollo me hizo una pregunta difícil de contestar. "¿Por qué el dinero que se quema a diario y estérilmente en Aerolíneas Argentinas no se vuelca íntegramente para investigaciones en las universidades?" Contesté enseguida: "Para no dejar en la calle a un montón de pilotos". Entonces me recordó: "Pero hay varias compañías de aviación que esperan licencias para volar; ellas podrían absorber a esos trabajadores e incluso brindar un mejor servicio". Se me anudaron las cuerdas vocales y quedé mirándolo. En sus ojos percibí su reflexión: "Ustedes, los argentinos, son unos imbéciles que dan lástima. ¡Con el país y las oportunidades que tienen!"
En otro viaje, un economista que se esmeraba por no herir mi patriotismo, dijo: "¿Cómo es posible que invite a la productividad un matrimonio que basó su riqueza en comprar casitas para la renta? ¡Son rentistas de alma!" Luego un sacerdote me avergonzó más aún: "¿No van a juzgar al matrimonio por el pecado de su congelada indiferencia durante la última dictadura militar?"
Hace poco se gastaron litros de tinta y horas de radio y TV para negar una repugnante "diplomacia paralela" que hacía negocios ilegales con Venezuela. Ahora parece que la diplomacia paralela está por convertirse en un instrumento aceptable y hasta virtuoso. ¿Qué significa en realidad? ¿Cuántas ganancias aporta al prestigio, la confianza y la riqueza de todo el pueblo?
La inseguridad crece. Sólo falta que algún ministro vuelva a repetir que es una "simple sensación". La impudicia reinante en varios temas puede facilitar la repetición del disparate. ¡Dale nomás, dale qué va! La gravísima inseguridad no es tratada como una prioridad del Estado, o por lo menos como una de las grandes prioridades que debería tener en su agenda una administración responsable. El panorama se complica porque ahora es "normal" escrachar o quitarles la tribuna o el micrófono a quienes resultan molestos al oficialismo. La democracia argentina ha rebajado su nivel. No se sienten incómodos quienes lucharon contra anteriores dictaduras o autoritarismos para cerrarle la boca al disenso. Todavía no se ha llegado a un desborde de agresiones, porque las potenciales víctimas esquivan un exceso de exposición o se ponen cierta mordaza. Debemos tomar conciencia de que la sociedad argentina enfrenta graves problemas. El mayor es la falta de independencia y fuerza de los tres poderes del Estado. El otro es que han desaparecido las fuerzas que pueden contener los delitos. La policía, con notables excepciones y hasta muertes heroicas, es acusada con frecuencia por connivencia con los delincuentes, corrupción e ineficacia. Las Fuerzas Armadas prácticamente no existen. Gendarmería y Prefectura no darían abasto. Pero tenemos, por el otro lado, "barrabravas", piqueteros de diverso signo y tendencia, organizaciones agresivas, delincuentes sueltos y legiones de personas compradas mediante subsidios. Todos ellos conforman una suerte de novedosas "fuerzas armadas" no incluidas en nuestra Constitución. Aún no sabemos cómo van a actuar cuando la anomia y la anarquía aumenten su señorío. No quiero ser pesimista, sino llamar a la previsión. Cuanto antes.

viernes, 14 de enero de 2011

LO QUE SE KIRK DOUGLAS IMPERDIBLE

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Mis hijos no tuvieron las ventajas que tuve yo en mi infancia: cuando uno viene de la pobreza más abyecta, no hay otra dirección adonde ir que no sea hacia arriba.

Sé que el amor es más hondo a medida que uno se hace más viejo.

Sé que todo el mundo tiene ego.

Sé que, por más que a los judíos nos enseñen a leer en hebreo, no entendemos un carajo de lo que estamos leyendo. Cuanto más estudio la Torá menos religioso me vuelvo, y más espiritual quizá. En el último Yom Kippur opté por la traducción al inglés y descubrí que Dios no necesita que le cantemos alabanzas sino que seamos mejores como personas.

Sé que cada hijo es diferente y que hay que darles soga, siempre: no aconsejarlos mucho y dejarlos cometer sus propios errores. Es como el pase inglés: uno tira los dados y espera a ver qué pasa.

Sé que, a veces, lo que te compromete te libera. Yo no quería ser actor de cine. Mi vida era el teatro y la primera vez que me llamaron de Hollywood rechacé el ofrecimiento. Pero entonces nació Michael y hacía falta más dinero, y me vine para acá.

Sé que todo buen aprendizaje termina sólo cuando estás bien muerto.

Sé que, si un hombre me diera a entender que nunca cometió un pecado en su vida, no me interesaría en lo más mínimo hablar con él.

Sé que los musulmanes siguen a Mahoma; los cristianos a Jesús, y los judíos, a Moisés, pero es el mismo Dios, en mi opinión.

Sé que hacer películas es una forma un poco cara de narcisismo.

Sé que los hijos necesitan la misma cercanía física con el padre como con la madre. Cuando beso a mis hijos en la boca, alguna gente me mira raro, pero no me importa porque sé que no es una debilidad.

Sé que Atrapado sin Salida fue una gran decepción en mi vida. Compré los derechos para cine, pero nadie quería hacer una película con eso. Entonces pagué para hacerlo en Broadway, pero tampoco. Había una línea en especial en el libro que me parecía inigualable: cuando McMurphy trata de arrancar el lavatorio de la pared delante de los demás internos y no puede. Y todos lo están mirando y él gira hacia ellos y les grita: ‘¡Por lo menos traté!’. Hay días en que pienso que ése debería ser mi epitafio.

Sé que por algo es que la política se ha vuelto una mala palabra.

Sé que hay cosas en la vida que uno nunca logra hacer como Dios manda. Jugar al golf, por ejemplo.

He sobrevivido a la caída de un helicóptero, con cirugía vertebral incluida, a un infarto que casi me lleva al suicidio, tengo un marcapasos y problemas en el habla. ¿Y qué? Siempre me digo: la edad está en la cabeza. Es el único antídoto que permite seguir funcionando.

Sé que millones de personas murieron por motivos religiosos: algo anda mal ahí, ¿no?

Sé que esto puede pasar: uno se muere, lo llevan frente al barbudo sentado en el trono, uno pregunta si eso es el cielo y el barbudo responde: "¿El cielo ? De ahí acaba de venir, caballero".

Sé que la única gente que puede destruir Israel son los judíos, porque su obstinación alimenta la división. Como decía aquel chiste en que se encuentran el presidente de los Estados Unidos y el de Israel y éste le dice: ‘Sé que ha de ser difícil ser presidente de 250 millones de personas, pero ¿sabe lo que es ser presidente de cinco millones de presidentes?’

Todo el mundo se la pasa hablando de los viejos tiempos: que las películas eran mejores, que los actores eran superiores, que la gente era más solidaria. Lo único que yo sé de los viejos tiempos es que ya pasaron.

Sé que pensar un poco en los demás es una manera de distraerse de uno mismo. 
Creo que recién ahora empiezo a saber quién soy. Como si mis virtudes y mis defectos hubiesen estado hirviendo en una olla todos estos años y con el hervor se hubieran ido evaporando y convirtiéndose en humo, y lo que queda en el fondo de la olla es mi esencia, y se parece inquietantemente a aquello con lo que empecé al principio.

lunes, 10 de enero de 2011

SIEMPRE VALE LA PENA RECORDAR A GANDHI

MAHATMA (ALMA GRANDE)

Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal.
Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.
Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.
Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.
Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.
No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.
No revuelvas una herida que está cicatrizada.
No rememores dolores y sufrimientos antiguos.
¡Lo que pasó, pasó!
De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.
Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.
Sólo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.
Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.
Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.
Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.
Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.
La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.
Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.
Trabajo es sinónimo de nobleza.
No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.
El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
No existen trabajos humildes.
Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.
Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.
Dios nos ha creado para realizar un sueño.
Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.
Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas.
Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.
No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.
El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.
Tú y sólo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.
“Que este día sea el mejor de tu vida".

MAHATMA GHANDI